Los profesionales destacan la "perfecta adaptación" de los pequeños y el aprendizaje mutuo que extraen de la experiencia
Hamud, Naha, Suadu y Uana han pasado a formar parte de la gran familia de Aspace Huesca. En quince días, estos cuatro pequeños saharauis se han ganado el corazón de usuarios, residentes, voluntarios y profesionales.
Todos se han volcado en dar el mejor de los recibimientos a estos niños con discapacidad que pasarán, gracias al programa de acogida de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui (Alouda), un verano de ensueño en la provincia altoaragonesa.
Lejos de estar apesadumbrados por los miles de kilómetros que les separan de su tierra, los pequeños se han adaptado "perfectamente" a su nuevo entorno y están disfrutando al máximo de su estancia en Aspace, y así se reflejaba ayer en las sonrisas de todos ellos. Naha, por ejemplo, una niña de doce años, decía estar "muy contenta" en Huesca. Lo que más le estaba gustando era "la piscina" y "los juegos", y de momento, no tenía ninguna intención de volver a su casa.
Aspace ha sido la primera asociación en acoger a los niños con discapacidad que llegaron el pasado 22 de junio a la capital oscense procedentes de los campamentos de refugiados saharauis. Aquí permanecerán hasta el próximo domingo, para luego marcharse al centro de Atades en Martillué (donde estarán otros veinte días) y finalmente trasladarse al centro de Isín de la Fundación Benito Ardid, donde pondrán fin a su verano en España.
Durante estos días, en Aspace, además de juegos, excursiones, clases y talleres, han sido examinados por médicos y especialistas para valorar su grado de discapacidad, ya que en los campamentos de refugiados carecen de medios para poder hacer un buen diagnóstico de cada paciente.
En estas pruebas se detectó que uno de los niños saharauis no tenía ninguna deficiencia, por lo que fue derivado a una familia oscense de acogida, explicó a este periódico el presidente de Aspace, Manuel Rodríguez, quien apuntó que hasta que no llegan al centro y no son evaluados su situación es "una incógnita", porque apenas hay información de sus expedientes.
En esta ocasión, los niños tienen discapacidades "muy leves" en comparación con los casos que hay en la asociación, indicó Rodríguez, por lo que está resultando "muy fácil" trabajar con ellos.
El presidente de Aspace se mostró "muy satisfecho" con el programa, y destacó la implicación de sus trabajadores y voluntarios, así como el aprendizaje que están experimentando gracias a estos pequeños que les enseñan a "valorar lo que de verdad importa", porque "cualquier pequeña cosa es mucho para ellos".
Igual de encantadas con la experiencia se mostraron Begoña Buesa, responsable del centro escolar de Aspace, y Amalia Aguilar, encargada de tareas de gestión de la entidad. Ambas aseguraron estar "aprendiendo mucho" con el programa y confesaban estar "entusiasmadas" con la iniciativa.
Aguilar puso en valor la labor de los monitores saharauis, que "con pocos medios dan una atención muy digna", y Buesa, el "intercambio cultural" que estaban experimentando, y que estaba resultando "muy enriquecedor".
Las dos trabajadoras se deshicieron en halagos para con los nuevos inquilinos y resaltaron la "buena acogida" que sus usuarios y residentes les habían dado. "Todos estamos aprendiendo mucho con esta aventura", afirmó Buesa.
Y si para los profesionales oscenses está resultando una iniciativa interesante, todavía lo es más para los monitores que acompañan a los pequeños saharauis. Salek, Mana y Lala, coordinados por Embarec que vive en la provincia, están siendo los "puentes" de comunicación entre saharauis y españoles. Salek decía estar "impresionado" con la "excelente atención" que los profesionales de Huesca daban a los niños. Destacó el "trabajo en equipo" que realizan, el tiempo y la dedicación que se toman con los pequeños y alabó la calidad humana de todos los profesionales, desde los trabajadores de administración hasta los especialistas.
Entre las enseñanzas más prácticas que se llevarán a los campamentos de refugiados saharauis, Salek destacó la forma y rapidez con la que tratan las crisis, una metodología que han puesto ya en práctica con Hamud, uno de los pequeños, y que "ya está teniendo sus frutos", advirtió Buesa, porque "sus crisis son mucho menos frecuentes".
Todavía es pronto para cuantificar los beneficios de estas "minivacaciones" en Huesca, pero, a juzgar por la alegría y el buen ambiente que reina en este centro, seguro que serán muchas y todas positivas.














