José Manuel Arévalo, presidente de la Federación de Asociaciones de Andalucía
HUESCA.- El presidente de la Federación de Asociaciones de Usuarios de Andalucía En primera persona, José Manuel Arévalo, defiende la importancia de la existencia de los colectivos de personas con enfermedad mental para impulsar cambios en las estructuras sociales y sanitarias, que les permitan
participar activamente en la toma de decisiones que les afectan directamente.
Con este objetivo se puso en marcha hace una década la entidad que representa y que trabaja para conseguir que prevalezcan los derechos de estos individuos. José Manuel Arévalo, presidente también de Asapme Granada, visitó el pasado viernes en Huesca los diversos centros de la Fundación Agustín Serrate y Arcadia, de camino a Zaragoza, donde impartió un curso sobre la necesidad de vencer resistencias e impulsar cambios, para conseguir una asistencia menos farmacológica, en la que el usuario participe más y sea realmente el protagonista de su proyecto de vida, "que sean ciudadanos con derechos humanos, antes que personas con una enfermedad mental", explicó Arévalo a este periódico.
Este movimiento asociativo se lanzó en Andalucía hace aproximadamente una década. "Las familias tenían su espacio, había servicios sociales, talleres ocupacionales, pero los usuarios no tenían la oportunidad de expresarse con voz propia -señaló-. Empezamos a movernos y a crear pequeñas asociaciones en distintos lugares de la Comunidad, constituimos una plataforma y la federación. Eso ha permitido tener protagonismo y ya estamos representados en todos los grupos de trabajo que se ajustan a nuestros intereses, junto a las familias y los profesionales. Estamos, por ejemplo, en un grupo de trabajo de derechos humanos, o en otro de lucha contra el estigma. Allí damos nuestra opinión y seguimos una línea estratégica, que es la participación y la ayuda mutua. Ahora que se está elaborando el tercer Plan Integral de Salud Mental de Andalucía también estamos participando activamente, junto a profesionales y familias. En Andalucía, hoy por hoy, podemos decir que estamos representados en todos los foros en los que creemos que debemos estar. Otra cosa es que se hayan conseguido las mejoras y los recursos que a nosotros nos gustaría. Allí donde se deciden temas que nos afectan, allí estamos. Construimos nuestras reivindicaciones con nuestra presencia y nuestra opinión".
Hay tres objetivos en los que la federación pone más empeño. Por un lado, la sensibilización contra el estigma. En segundo lugar, una red de ayuda mutua, no solo en las asociaciones, sino también en los servicios de salud mental. Se hizo una experiencia piloto, mediante un convenio con salud para tres meses, en los que se integraron a compañeros y compañeras en servicios de salud mental y ahora se les está llamando para hacer ayuda mutua como parte integrante del tratamiento y la recuperación. En ayuda mutua intervienen usuarios después de realizar un curso coordinado por profesionales y aportan su experiencia, empoderamiento, habilidad y sentido de la esperanza, se entrevistan con otros usuarios y se hace un seguimiento. En tercer lugar, la federación trabaja los derechos humanos, incide en que la asistencia no debe ser algo paternalista o graciable, sino un derecho.
En la federación están integradas diez asociaciones que aglutinan a 2.800 asociados, pero no es fácil el ingreso en estos colectivos. "A los usuarios les cuesta acudir, porque se sienten como si les etiquetaran y muchas personas no han elaborado un proceso, no tienen la misma aceptación de la enfermedad. Nuestras asociaciones están abiertas a los ciudadanos y, aunque la dirigimos nosotros, muchos usuarios acuden con sus parejas, amigos, familia, se hace mucha actividad de tiempo libre, salidas, talleres, hay un huerto ecológico. Cuando las cosas se hacen con normalidad, la gente cambia la perspectiva. Aquí no estamos hablando todo el día de la enfermedad, todas las asociaciones, salvo dos de trastorno bipolar, están integradas por todo tipo de enfermedad mental. Intentamos poner el foco en lo que nos expande como personas, no en las deficiencias".
Las decisiones políticas no les están afectando igual que a los colectivos de salud mental de otras comunidades como Aragón, Madrid o Valencia. Se están haciendo recortes en el personal eventual de salud mental, que trabaja ahora al 75 por ciento, lo que supone, a nivel de asistencia, menos tiempo de dedicación, y se retrasan los seguimientos.
Los convenios llegan, aunque con retraso, pero en Andalucía la apuesta por la salud mental ha sido firme desde 2004. "Se le ha dado prioridad y no se ha tambaleado por la crisis, se han adoptado medidas de reajuste para que siga funcionando. Hemos intervenido en muchos temas que nos preocupan como la reforma del código penal, donde la enfermedad se asociaba a la peligrosidad".
Huesca es pionera en el tema laboral. Tiene ocho centros especiales d empleo y se ha abierto camino sin grandes estructuras. "El trabajo es un tema esencial. En nuestro colectivo, el nivel de integración laboral es menor del diez por ciento. Me preocupa la situación en la que se encuentra ahora, esta labor que hace la fundación y Arcadia se debe valorar, independientemente de quién esté en el Gobierno o de que el convenio se haga de una forma o de otra. Si todo esto dependiera de una fundación pública, con un apoyo político fuerte, todo sería más fácil, porque merece la pena".














