Ángel Gari, director deL Museo de las Creencias y la Religiosidad Popular de Abizanda

Ángel Gari, doctor en Historia y antropólogo, vio hasta los siete años, lo que le permite tener noción del espacio, perspectiva visual y saber cómo son los colores. Todo ello lo ha integrado en su vida cotidiana, en la que se desenvuelve, desde hace diez, con una silla de ruedas.

 

HUESCA.- Estas experiencias personales, constituyeron ayer la tarjeta de presentación que quiso elegir para reflexionar sobre la accesibilidad en los museos, en la última jornada del congreso internacional que durante dos días y medio se ha celebrado en Huesca.

"Mis primeros pasos en accesibilidad de museos se remontan a los años sesenta. Estuve en el Lou­vre y El Prado y aprovechamos para tocar objetos cuando desmontaban la exposición", indicó. Después, se refirió a las numerosas iniciativas de museos locales que surgieron en los años setenta, en el Alto Aragón de la mano de Julio Gavín, Josefina Loste y José María Escalona, y en Monreal del Campo (Teruel) con Julio Alvar.

En los años 90, junto a su mujer, María Pilar García Guatas, Ángel Gari puso en marcha el Museo de Creencias y Religiosidad Popular de Abizanda. "Hablamos con coleccionistas y anticuarios que me dejaron tocar centenares de piezas y me dieron muchas explicaciones -señaló-. Lo complementamos con documentales realizados por Eugenio Monesma en los que he tomado un papel activo".

Recordó, además, el interés que suscitaban para él las maquetas, porque al tocarlas "podía tomar conciencia sobre el proceso de construcción del espacio" y fue precisamente lo que le dejó hacer José Beulas con la del Centro de Arte y Naturaleza (CDAN). "Me contó el proyecto, toqué la maqueta y me describió el paisaje. También me ha permitido tocar muchos elementos de la colección, sobre todo esculturas de Donaire, Montañés y Carneiro", citó entre otros.

En su recorrido por algunos de los museos en los que ha disfrutado, citó el de papiroflexia de Zaragoza, cuyas técnicas y creaciones plásticas le ofrecieron "unas expectativas amplísimas", el Museo del Arriero de Igualada, concebido para facilitar la accesibilidad a cualquier tipo de visitantes. "Allí toqué piezas que no había conocido en otros museos", dijo, y se mostró especialmente entusiasta con sus experiencias en los museos Thyssen y Reina Sofía, porque le abrieron "horizontes inesperados sobre la manera de entender el arte".

Ángel Gari comentó que el museo que dirige tiene algunos problemas de la administración por falta de ayudas institucionales y aprovechó para hacer una llamada de atención. "La crisis puede limitar las subvenciones, pero no eliminarlas porque se vulneran los compromisos institucionales, políticos y sociales", denunció.

 

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