Más de tres mil personas protagonizaron la II Marcha con un ambiente extraordinario

Una comunión perfecta, una simbiosis equilibrada entre la ciudad y una organización querida, un aire de normalidad dentro de una comunidad constituida por personas con diferentes capacidades. El espíritu de la Marcha Aspace y de los 3.200 "marchosos inscritos".

El que nos llevó a todos hasta la línea de salida.

HUESCA.- Micrófono en mano, Kike Lera animaba desde el escenario la jornada con su ingenio e informaba sobre cómo iba a discurrir la marcha y el resto de la jornada. Cuando quedaban ya pocos minutos para las diez de la mañana, llamó a los participantes a la línea de salida y ocuparon los primeros puestos algunas personas con parálisis cerebral que tomaron parte en la prueba, así como las autoridades invitadas. Entre otras, se encontraba la alcaldesa de la ciudad, Ana Alós, el consejero de Sanidad, Ricardo Oliván, el presidente de la Diputación Provincial, Antonio Cosculluela, el presidente de la Comarca de La Hoya, Fernando Lafuente, el portavoz del Grupo Socialista en el Senado, Marcelino Iglesias, el portavoz del grupo parlamentario del PP en las Cortes de Aragón, Antonio Torres, el portavoz del PSOE en la DPH y el Ayuntamiento, Luis Felipe, la directora gerente del IASS, Cristina Gavín, el director general de Planificación y Aseguramiento, Antonio Villacampa, y varios miembros de la Corporación municipal.

Como el año pasado, acudieron también representantes y usuarios de otras entidades de personas con discapacidad, como el gerente de Atades, José Luis Laguna, asociación que el pasado 23 de abril recogió en Zaragoza el Premio Aragón 2014, el presidente de Autismo Huesca, Severo Acín, o Pilar Abadías, de la Fundación Agustín Serrate, entre otros.

Kike Lera hizo la cuenta atrás desde el número diez, jaleado por el público que coreaba cada segundo a pleno pulmón, y cuando llegó al final la comitiva echó a andar a buen ritmo, deseosa de cumplir con la misión encomendada. Un paso tras otro, para cubrir los dieciséis kilómetros y medio de solidaridad marcado por el recorrido.

El año pasado, a la presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi -este año no acudió a la cita por otro compromiso-, se le atribuyó el vivo ritmo impuesto, pero alguien le debió de tomar el relevo porque la primera etapa hasta Banariés no tuvo tregua. Bien es cierto que los primeros compases por las calles de la ciudad fueron algo más relajados, pero conforme se fue abandonando el casco urbano la fila de andarines comenzó a estirarse.

Los "marchosos" se libraron este año del agua de la primera edición, pero no contaban con el molesto viento que sopló en muchos tramos de cara. La organización ya ha advertido de que para la próxima le pedirá al "director general del tiempo" que se ocupe de esta cuestión. Los participantes, no obstante, muchos de ellos pertrechados con ropa de abrigo, pudieron perfectamente con esta contrariedad.

Muchos repetían la experiencia y lo hacían ya con cierto aire de veteranía, como Lucía, de ocho años, y Carmen, de siete. "Por deportistas y por solidarias". Sus razones.

Melisa, Safa y Julia charlaban animadamente. No parecía que el camino les fatigara, a pesar de que sólo tienen nueve años. Mireia, de doce, también iba con ellas. "Hemos venido para ayudar a las personas con parálisis cerebral, pero sobre todo a Libertad, que es a la que conocemos -explicaron- Es nuestra amiga, tiene sólo cinco años y ahora está aprendiendo el idioma de los sordos".

Estaba previsto que hasta medio centenar de personas con discapacidad realizaran la marcha, como Íñigo y Gonzalo, de la Asociación Down. Isabel, que acompañaba a este último, se quejaba un poco del viento, pero valientemente sabía sobreponerse al cansancio. Unos metros más adelante iban Cristina y su padre, Miguel. Ella, pura energía, no parecía en absoluto fatigada.

La música de los Gaiters d"a Terra Plana hacía mucho más fácil el esfuerzo y resultaba muy llamativa y cercana la presencia de uno de los gigantes de Ayerbe, que desfiló durante los dieciséis kilómetros de la marcha, gracias al sudor y la alegría de Alejandro Salcedo, Luis Fábregas y otros compañeros que se ofrecieron para relevarles.

El descanso en Banariés se recibió con ganas y gratitud. Las amas de casa de los pueblos de la zona y otros voluntarios colaboraron para repartir bocadillos, fruta, dulces, frutos secos y bebidas hasta prácticamente agotar las existencias. Familias enteras, como la de Ramón y Asun, con sus hijos Gabriel, de nueve años, y Clara, de seis, se reencontraban tras haberse dispersado. Gabriel, un poco harto de esperar a su hermana pequeña, ya tenía ganas de continuar. Inasequible al desaliento.

"Es bonito ayudar, ¿verdad -sonreía Maite, acompañada de su marido, Pedro, un poco antes de llegar a la ciudad-. Esto es muy emocionante. Ya lo era ayer, cuando estábamos sacando las acreditaciones, ver a todo el mundo donde el pabellón, aunque estaba venga llover".

En la recta final, los marchosos, en general, se lo tomaban con mayor tranquilidad. Y ahí estaba la meta, esperándoles, con un par de niños, dos voluntarios más, repartiendo ejemplares de DIARIO DEL ALTOARAGÓN, y unos metros más allá, profesores y alumnos de la Escuela de Arte, haciendo fotografías en la zona del "fotocol".

Era el momento de disfrutar de la música de la Banda de Huesca y de la deliciosa comida preparada por la Asociación de Cocineros de Huesca y la Escuela de Hostelería.

Sólo quedaba felicitarse por lo bien que había transcurrido todo, por la ausencia de incidentes importantes, por la ciudad tan fantástica que es Huesca. Y a pesar del cansancio, todavía perduraba la emoción en los más de tres mil corazones oscenses.
Fuente: Diario del Altoaragón. 28/04/2014

 

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