Los usuarios temen que los recortes les dejen sin sueldo y sin ocupación
El modelo asistencial que realiza la Fundación Agustín Serrate para las personas con enfermedad mental grave es integral y comunitario. Abarca un amplio abanico de aspectos, entre los que se contempla la rehabilitación a través del trabajo como uno de los fundamentales.
La negociación que está llevando a cabo el Gobierno aragonés con la entidad para decidir sobre los términos de la continuidad del servicio hace temer a usuarios y trabajadores por el cierre de talleres ocupacionales y la alteración del funcionamiento del Centro Especial de Empleo. "Si una parte del programa se resiente, se ve afectado todo el conjunto", afirma un monitor.
A los usuarios de la Fundación Agustín Serrate se les puede ver habitualmente trabajando con normalidad en diversos puntos de la ciudad. El jueves, un grupo de ellos se afanaba por adecentar el Parque Miguel Servet. Su labor respondía a un encargo que el Ayuntamiento realiza a Integración Laboral Arcadia S.L., para que intervenga su taller de jardinería. Es una forma que tiene la administración local de colaborar con la Fundación Agustín Serrate, que se concreta en la contratación de varias actuaciones de limpieza de parques y jardines a lo largo del año.
En días con mucha faena, como el pasado jueves, participan también usuarios y monitores del resto de talleres para echar una mano. En este caso, acudieron de viveros, serrería y huerta.
El monitor José Manuel Tricas observa que "una de las características definitorias que hace que el modelo de integración que emplea la Fundación Agustín Serrate y Arcadia funcione es el hecho de que los que están en talleres ocupacionales comparten también espacio con el Centro Especial de Empleo y reciben una asignación".
La posibilidad de percibir un dinero, según señala, es un aliciente para que acudan cada día. "Es muy difícil encontrar motivaciones para que la persona que sufre un trastorno mental grave haga un acopio de fuerza y voluntad para ir a un taller. Por eso, es vital que haya una recompensa para que se adhiera a la actividad laboral", explica el monitor.
Las 44 personas del Centro Especial de Empleo tienen un contrato, mientras que quienes están a unos niveles ocupacionales, que también perciben un dinero, "llevan a cabo una labor más formativa para adquirir aptitudes, actitudes y habilidades, pero en un contacto directo con el trabajo", explica.
Tricas teme que los posibles recortes en salud mental que estudia el Gobierno aragonés afecten al Centro Especial de Empleo Arcadia. "Los mismos monitores ayudan en la organización de ese taller laboral y los usuarios del Centro de Inserción Laboral colaboran en tareas de menor cualificación y pueden ir aprendiendo allí. Si no hubiera un centro especial de empleo, los integrantes del taller ocupacional no tendrían un lugar tan adecuado para aprender a través del trabajo. Y si no existiera la integración laboral para ayudarles y apoyar tanto económicamente como en fuerza de trabajo, tampoco sería rentable debido a la gravedad de las personas que están contratadas".
"ESTAMOS PREOCUPADOS"
"A todos nos preocupa mucho esta situación, porque llevamos muchos años trabajando -afirma José Antonio Pérez-. Yo estoy en el Centro Especial de Empleo, en el vivero, y no tengo ninguna pensión de otro tipo, sólo cobro lo que me pagan en este taller. El trabajo es una fuente de ingresos y nos permite cotizar a la Seguridad Social para tener una pensión el día de mañana". José Antonio es perfectamente consciente de la situación económica que vive el país, por lo que sabe que "encontrar otro trabajo está muy mal". De hecho, observa que en su familia hay muchos miembros en el paro. "De cinco hermanos, sólo trabajamos dos", señala.
Pensando en sus compañeros, teme también por el posible recorte del horario del Centro de Día Arcadia, que cerraría a las seis de la tarde, en lugar de a las diez de la noche, y no abriría los fines de semana. "Tengo amigos que comen allí todos los días y lo van a pasar mal".
Eduardo Aznar, por ejemplo, tiene mayor dependencia que él del centro de día. Allí acude a diario a comer, cenar y tomar la medicación. Vive con otros compañeros, en un piso tutelado. "Si cierran el centro a las seis, lo de cenar, mal. Nosotros no cocinamos", señala. El trabajo que desarrolla en el taller de jardinería le hace sentirse mejor. "Me mantiene ocupado, ya sé que tengo algo que hacer todos los días", explica, y reconoce que el futuro le preocupa.
Sentimientos parecidos expresa Lorenzo Arnal, que lleva muchos años en el taller de serrería. "El trabajo me aporta las ganas de levantarme por la mañana porque tienes algo que hacer y aportar a la sociedad. Lo haces y luego disfrutas de la tarde. Todo eso te da una tranquilidad", comenta. Teme que el Gobierno de Aragón quiera trasladar a los 22 funcionarios que trabajan en la Fundación, porque dice que son puestos muy difíciles de cubrir, y también que se recorte el horario del centro de día. "El comedor lo utilizo en momentos puntuales, cuando estoy de bajón con mi enfermedad, y me sienta muy bien. Pero me parece que hay mucha gente que depende de él, que van allí a tomar su medicación, que están bien atendidos, que comen bien y pueden seguir viviendo dignamente", reflexiona.
Carlos Abiol se integró en la Fundación hace seis años, debido a una esquizofrenia. Gracias al tratamiento se siente muy bien. El trabajo en jardines es muy positivo para él. "Veo que lo que se está llevando a cabo por parte del Gobierno de Aragón es una injusticia y no hay derecho a lo que nos quiere hacer ahora con los recortes", denuncia.
"También veo muy mal el desmantelamiento del centro de día –añade-. Muchos enfermos acuden allí a tomar la medicación y además es un espacio de convivencia. Si se cierra por las tardes y los fines de semana, quedará muy desmantelado el servicio, y no quiere decir que no sea el primer paso para que en posteriores años, si sigue habiendo recortes, se termine por desmantelar la Fundación. Y eso sería muy grave".
Carlos Abiol defiende igualmente el trabajo como una terapia y una manera eficaz de hacer visibles a estas personas con trastorno mental ante el resto de la ciudadanía. "Si se van recortando cosas, la persona quedará muy desprotegida y somos un colectivo muy vulnerable. El trabajo ayuda a derribar barreras que a veces crea la sociedad y a veces nosotros mismos, con algún comportamiento fuera de lugar".
En su opinión, "el Gobierno de Aragón debe potenciar los centros especiales de empleo y dejar las cosas como están", porque, como recordó, el modelo asistencial de la Fundación Agustín Serrate "es pionero en España y un desahogo también para las familias, que saben que sus seres queridos están bien atendidos".
Para cualquier individuo, con o sin enfermedad mental, el trabajo es un aspecto fundamental para el desarrollo personal y pone en valor el esfuerzo cotidiano. Los ingresos que procura, además, facilitan la toma de determinadas decisiones y la independencia. El trabajo contribuye a mejorar la autoestima, a realizar ejercicio físico, propicia un orden y una estructura de horarios y espacio, ayuda a adquirir hábitos de higiene y favorece la relación con otros compañeros y con el resto de la sociedad. "No es lo mismo decir que una persona viene de trabajar, que decir que está en un centro -observa José Manuel Tricas-. El trabajo es un apoyo para romper con la estigmatización y a los usuarios les da también el reconocimiento de quien lo contrata, de los monitores, los compañeros y del resto de la sociedad".
Fuente: Diario del Altoaragón. 09/11/2013














