La primera causa de muerte no natural en España se silencia sistemáticamente

Hospital San JorgeSe han organizado numerosas campañas institucionales para prevenir los accidentes de tráfico, la violencia machista, el alcoholismo, el consumo de drogas, las enfermedades cardiovasculares y otros muchos problemas de salud que afectan a la sociedad, por lo cual resulta muy sorprendente la falta de iniciativas de este tipo para tratar de contrarrestar la primera causa de muerte no natural en España, el suicidio.

Especialistas en la materia consideran que si su existencia se hiciera más visible y se destinaran más recursos a la divulgación de esta realidad se contribuiría a disminuir las cifras de este fenómeno que, según la Organización Mundial de la Salud, aumenta año tras año. Los datos recabados por la OMS indican que 2.700 personas se quitan la vida en el mundo cada día y otras 54.000 lo intentan. En España, los últimos datos oficiales hablaban de 3.457 suicidios en 2008, un número que situó por primera vez esta causa de muerte violenta por encima de los accidentes de tráfico (3.021). Es un hecho que los fondos destinados a las campañas de seguridad vial y a la mejora de las comunicaciones han contribuido decisivamente para que disminuya el número de accidentes y sus graves consecuencias. "Por qué no destinar, al menos, el mismo esfuerzo a la prevención del suicidio", se preguntan especialistas en salud mental preocupados por este asunto.

Los 3.457 suicidios recogidos en el citado informe implican una media de nueve diarios y, por sexos, queda reflejado en las estadísticas que 2.766 eran hombres (77,4 %) y 781, mujeres. Si bien es cierto que los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres, los expertos advierten de que ellas intentan quitarse la vida tres veces más que los hombres. Los psiquiatras oscenses Carmelo Pelegrín y Javier Olivera explican este dato, aduciendo que los hombres son más resolutivos por razones fundamentalmente de índole constitucional (genética, hormonal... que se relacionan con la impulsividad y la agresividad). En los datos recabados existe, no obstante, algunos guarismos que podrían variar, ya que se "sospecha" que algunos suicidios podrían estar enmascarados en forma de accidente de tráfico (autocidio), precipitación o ahogamiento.

En el Alto Aragón, según explican el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital San Jorge, Carmelo Pelegrín, y el coordinador de Salud Mental del Sector de Huesca, Javier Olivera, se producen dieciséis suicidios al año, una cifra que se sitúa en la media española.

En España, las cifras de suicidio son más bajas que en países nórdicos y centroeuropeos, aunque algunos especialistas empiezan a cuestionar esta afirmación. Unos ponen en duda los números y apuntan que en España no todos los casos están identificados correctamente por distintas razones, a diferencia de otras naciones donde se informa mejor. Al margen de que pueda haber algo de cierto en esto, Olivera y Pelegrín aseguran que factores ambientales como el clima (más horas y días de sol al año) o culturales como el hedonismo heredado desde la antigüedad en los países del sur y el efecto protector de la familia influyen positivamente en el arco mediterráneo, y por lo tanto, en España, como se ha demostrado en algunos estudios.

Grupos de riesgo

Las personas que tratan de suicidarse o que lo consiguen son profundamente desgraciadas porque su único pensamiento esencial es la muerte. La mayoría de ellas, según explica Carmelo Pelegrín, padece alguna enfermedad mental grave. "Habitualmente son pacientes con depresión mayor, psicosis, gente que tiene mucho sentimiento de culpa, inutilidad y desesperanza, y aquellos que no tienen una perspectiva de futuro. El trastorno bipolar también es un grave trastorno mental (hasta el 10 % de los pacientes presenta tentativas suicidas graves), así como la esquizofrenia y el trastorno de personalidad inestable, llamado también límite, cuando se asocia al consumo de drogas como alcohol y cocaína". Éstas son las tres entidades psiquiátricas, con la depresión mayor, con más elevado riesgo de suicidio.

La persona que actúa de manera impulsiva suele responder a un estrés agudo, sobre todo en casos de pérdidas muy importantes (un ser querido, una ruptura sentimental). "No soportan ese sufrimiento tan agudo, no pueden asimilar esa frustración tan importante para ellos", observa Olivera. "En otro subgrupo distinto se enmarcarían las personas que padecen una enfermedad física muy grave o totalmente invalidante (como el caso de Ramón Sampedro que reflejaba la película "Mar adentro"), sobre todo cuando han sido muy activas y vitales previamente o cuando la dolencia va asociada a mucho dolor físico y moral", añade. Otro porcentaje muy bajo se encuadraría en el llamado suicidio filosófico, que se produce más en los países del norte de Europa o en algunas culturas orientales, en las que una persona, tras realizar un balance vital y aceptar que no quiere seguir viviendo, decide poner fin a su vida.

El suicidio afecta en mayor proporción a dos grupos de edad bien diferenciados: los jóvenes de 15 a 30 años y los mayores, a partir de 65-70. "En los mayores están más relacionados con trastornos melancólicos depresivos graves, mientras que los jóvenes suelen ser acciones más impulsivas –explican ambos especialistas-. Las personas mayores también suelen tener menos apoyos sociales, o pasan más desapercibidas sus depresiones y consultan menos al médico. Hacen menos intentos, pero los consuman más".

Cada veinte tentativas, los jóvenes materializan un suicidio, mientras que la proporción en el grupo de la tercera edad es de una muerte por cada cuatro intentos. Así, el 40% de las personas que se suicidan tienen más de 65 años y el porcentaje de los jóvenes queda por debajo de ese guarismo. No obstante, hay que subrayar que, aunque el suicidio es más frecuente en la tercera edad, es la primera causa de muerte violenta en los jóvenes. También hay que reseñar, que afecta a todas las clases sociales.

En suma, si por cada suicidio consumado se realizan entre veinte y treinta intentos suicidas, esto indica que el riesgo de que una persona que ha querido quitarse la vida lo vuelva a intentar es importante. De un 35 a un 50 por ciento trata nuevamente de consumarlo. Entre los muertos por suicidio, un cuarenta por ciento había realizado previamente un intento.

Las tentativas hay que tomarlas en serio

Carmelo Pelegrín y Javier Olivera afirman que es importante tener en cuenta cualquier señal que pueda lanzar una persona con ideas suicidas y añaden que las tentativas hay que tomarlas muy en serio. "Existe el mito de que la gente que lo dice, no lo hace, y esto no es así. La gente que se suicida, en muchos casos había realizado algún comentario al respecto previamente", indica Olivera.

"Lo que destaca en las tentativas es el sentimiento de sufrimiento y se deben tener siempre en cuenta", añade Pelegrín. Ambos coinciden en señalar, que considerarlas como un mero intento de "llamar la atención" tiene una connotación "peyorativa" y minimiza el problema.

También observan que hay una serie de "señales" que nos pueden poner alerta, como por ejemplo que una persona muy ansiosa o inquieta tenga un cambio de ánimo inusual. "A veces, cuando toman la decisión, sobre todo los pacientes deprimidos graves, pasan de un estado de tristeza y angustia a un estado de placidez", comenta Pelegrín.

Hablar sobre la muerte, estar aislado socialmente, presentar ideas autodestructivas, albergar sentimientos de fracaso, inutilidad, vacío, culpa y desesperanza son otros indicativos que hay que tener en cuenta, como signos de alarma; así como solventar asuntos pendientes, ordenar diferentes aspectos vitales o regalar objetos personales en un intento de poner la vida en orden y como forma de despedida.

El trastorno mental y los antecedentes de tentativas suicidas son los dos factores de riesgo principales.

Plan de prevención

Javier Olivera, Carmelo Pelegrín y otros muchos profesionales de salud mental insisten en la importancia de que la población conozca la realidad del suicidio para que, llegado el momento, pueda pedir ayuda a los servicios especializados y que estos puedan intervenir. Y si se habla de prevención, a Javier Olivera le viene enseguida a la mente el principal Plan de Prevención del Suicidio que se aplicó en España, subvencionado por el Gobierno catalán. Se llevó a cabo en el barrio barcelonés de la Dreta de l"Example, que tiene una población de unos 125.000 habitantes y donde entre septiembre de 2005 y diciembre de 2008 se lograron reducir las muertes un veinte por ciento. Este proyecto piloto creó un circuito de atención rápida e implicó la intervención de los centros sanitarios, servicios sociales, fuerzas de seguridad, bomberos, comerciantes, jubilados, familiares de enfermos mentales, gestores de transporte público, medios de comunicación y otros sectores. Igualmente, se acompañó de un programa de información, educación y sensibilización dirigido a profesionales sanitarios y trabajadores sociales y se abrió una página web que mostraba signos de alerta y ofrecía la posibilidad de consultar directamente a los especialistas, a través de una dirección de correo electrónico y de ese mismo portal de internet.

El programa se completó con un estudio exhaustivo de cada paciente, al que se le asignaba un psiquiatra de referencia durante unos meses y se le efectuaba posteriormente un seguimiento de un año. Con este trabajo, se redujo significativamente la recidiva de la conducta suicida y las hospitalizaciones, y fue eficaz en la detección precoz de las ideas autodestructivas. También se puso de manifiesto que la información razonada sobre el riesgo suicida facilita la petición de ayuda.

Su impulsora fue la psiquiatra recientemente jubilada Carmen Tejedor, responsable de la Unidad de Hospitalización de Enfermos Agudos del Hospital de la Santa Creu y de Sant Pau de Barcelona, que coordinaba este plan, con la que Javier Olivera mantiene una estrecha relación profesional. Precisamente, el próximo 13 de diciembre ha sido invitado a intervenir en las XII Jornadas de Psicogeriatría del Hospital Sainte Anne de París -centro donde el psiquiatra oscense estuvo becado en el primer trimestre de 2002- y lo hará con una ponencia titulada Suicidio: la muerte ignorada. Programa de Prevención en un distrito de Barcelona, que se basa en el programa dirigido por la doctora Tejedor. Estas jornadas afrontan este año el tema monográfico del suicidio en los ancianos.

Pelegrín y Olivera, que también defienden la necesidad de trabajar en la prevención del suicidio, puntualizan que, en cualquier caso, no es una tarea fácil. "Podemos conseguirlo en los cuadros afectivos y en la depresión, ya sea mayor o bipolar, si se diagnostican bien y se hace un buen seguimiento; pero lo tenemos más difícil en los casos de inestabilidad de personalidad, asociado al consumo de droga -explica Pelegrín- donde el control de las contingencias psicosociales (ruptura de pareja, soledad, abuso de drogas como la cocaína que produce cuadros de "depresión" en la abstinencia...) que pueden precipitar el suicidio y es más difícil de prevenir. No obstante, en los casos de depresión hay a veces un nihilismo terapéutico, es decir, el paciente rechaza la atención, porque piensa que nada le va a curar -añade-. Por eso, como a los pacientes con esquizofrenia y depresión melancólica, hay que llamarlos si no acuden a la consulta e incluso acudir a su domicilio, porque si no muchas veces no irían".

En ocasiones, la intervención es especialmente complicada. "Se ven implicadas personas que se encuentran en una situación de indefensión económica o de aislamiento social, que han perdido la relación con la pareja o con los hijos, que tienen su proyecto vital roto. Esto, unido al alcohol o las drogas, les lleva a tomar decisiones que son desesperadas. Podemos intervenir en algunas crisis, pero puede llegar el momento en el que fallen todos los mecanismos de control propios y ajenos".

"Además el suicidio impulsivo, es muy difícil de prevenir -agrega Olivera-. Pero no es aceptable que no detectemos en la consulta una persona deprimida con ideas suicidas, o que un médico de Atención Primaria, no pueda disponer ni del tiempo ni del espacio necesarios para interrogar directamente a un paciente si se le ha pasado por la cabeza la idea del suicidio". Por ello, apunta que para trabajar en la prevención es necesario disponer de unos suficientes y adecuados recursos de salud, además de suficiente apoyo social.

Según el Programa de Prevención de la Dreta de l"Example, el 60% de los suicidas habían sido visitados durante el mes anterior a su fallecimiento por un especialista en salud mental sin que se detectara riesgo alguno. Además, el 30% de los suicidas mayores de 65 años, no estaba vinculado a los centros de salud mental y sólo había sido asistido por los equipos de atención primaria.

Para las familias, un estigma

El apoyo social, como indica Olivera, es esencial en un plan de prevención, porque, aun hoy en día, tanto para las personas que han intentado quitarse la vida como para las familias de quienes lo han conseguido, el suicidio es un estigma muy difícil de sobrellevar. Subyace un poso cultural, basado también en la religión, que no hace tantas décadas repudiaba este tipo de actos, los consideraba "pecado" y los condenaba, por ejemplo, obligando a enterrar a las personas fallecidas por esta causa fuera del cementerio religioso favoreciendo el estigma para el enfermo y sus familiares. Aunque las posturas ya no son tan radicales, sí persiste una generalizada búsqueda de culpables y la silenciosa censura de la ciudadanía llega a generar sentimientos de vergüenza. Por eso, la postura más común, cuando ocurre una tragedia de este tipo, es la de ocultar lo sucedido.

"La muerte de un hijo es muy difícil de afrontar, creo que es el factor más estresante y doloroso que puede existir; y si es por suicidio, todavía es peor", observa Pelegrín.

Para los allegados de un fallecido por esta causa, la idea de no haber podido reconocer los síntomas o no haber comprendido la naturaleza tan grave de sus pensamientos y sentimientos, les resulta muy difícil de aceptar. "El suicidio es algo tremendo para la familia, no tiene que ver con el de una muerte natural. El duelo es más prolongado y suele ir asociado a un sentimiento de culpa y fracaso –añade Javier Olivera-. También lo es para los profesionales y supone un duelo especial, porque siempre nos preguntamos si podríamos haber hecho algo más, si de alguna manera se podría haber evitado esa muerte".

"Aunque la voluntad está alterada, el suicidio es algo que uno dirige, nadie le empuja. Puede haber una discusión previa, por ejemplo, pero posiblemente la persona que se suicida ya tenía un trastorno previo, nadie debe sentirse culpable. También hay muchas personas que lo intentan y no lo consiguen, y después se arrepienten mucho de haber tratado de quitarse la vida -explica Olivera-. Después de una muerte de este tipo, las familias deben trabajar la culpa para poder superarla, y deben recibir ayuda para este objetivo".

Para abordar esta situación de manera colectiva se fundó "Después del suicidio-Asociación de Supervivientes" (DSAS). Se ha creado con el objetivo de facilitar un lugar de encuentro para las familias y allegados, donde puedan hablar y encontrar el respeto y la confianza que necesitan durante su proceso de duelo. Su ámbito es nacional y su sede está en Barcelona. La preside Cecilia Borrás, que también perdió a su único hijo de esta manera tan trágica y dolorosa.

Algunos informes que aparecen ocasionalmente indican que la crisis económica parece haber provocado un aumento en el número de suicidios y de tentativas. Algunos especialistas indican que, posiblemente, esto se produce en personas que previamente padecían ya alguna enfermedad mental, que se ve agravada por la pérdida del trabajo y las consecuencias que ello conlleva. También señalan que un sector joven de la sociedad española no está tan preparado para el sufrimiento y esa intolerancia a la frustración ha contribuido a abonar el terreno.

"En Huesca, afortunadamente, el trastorno mental grave está bastante bien abordado –afirma Pelegrín-. Tenemos una red de recursos de rehabilitación y la labor que hace la Fundación Agustín Serrate, que tiene un centro de día que funciona doce horas cada jornada y es un apoyo muy potente para estos pacientes. Del mismo modo la asociación oscense pro salud mental (Asapme) desempeña un papel fundamental en el apoyo social y familiar. En este aspecto, Huesca es una provincia privilegiada".

Es hora ya de empezar a romper los tabús y a cambiar de mentalidad, las personas que se suicidan no son valientes ni cobardes, ni ellas ni sus allegados deben avergonzarse, son enfermos que en un momento dado sienten la necesidad de hacerlo, porque no ven otra salida al dolor que padecen. El suicidio es el resultado de un grave trauma psíquico, que no es elegido voluntariamente por quienes lo intentan o realizan ni es fácilmente previsto por su familia y amigos.

Hablar de ello no puede ser nunca perjudicial, si el tema se trata de manera adecuada. Frente a quienes secularmente han defendido que divulgar estos asuntos provoca un efecto mimético y anima a que se produzcan más suicidios, estudios recientes y comprobados por la experiencia contradicen esa tesis y demuestran que la información no hace sino descubrir una realidad que está ahí y que hay que abordar con la misma determinación que otros problemas a los que debe hacer frente la sociedad. Como dice el lema del programa de prevención del Hospital de Sant Pau, "Mejor hablar antes".

Las instituciones, igualmente, deberían revalorar la escala de sus prioridades y destinar los recursos necesarios para trabajar en la prevención. Y quizá, poco a poco, cambie la mentalidad de la ciudadanía, desaparezcan los estigmas y surjan nuevos colectivos por todo el país, que den cobertura a aquellas familias que, a pesar de todos los esfuerzos, no puedan evitar perder a uno de sus seres queridos.

Fuente: Diario del Altoaragón. 22/10/2013

 

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