La neuropsicóloga Elena Cabrero destaca la importancia de la terapia no farmacológica ligada a actividades cotidianas.
HUESCA.- El cuarto de estar, el baño, el dormitorio o la cocina son espacios de la casa en los que se puede practicar la estimulación cognitiva de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer de manera natural y efectiva. Elena Cabrero Montes, neuropsicóloga y psicóloga del Centro de Referencia Estatal de Alzhéimer y otras Demencias de Salamanca del Inserso, explicó ayer cómo llevar a cabo estas tareas de manera regular y sin que el paciente se sienta ni cuestionado ni frustrado. Impartió una conferencia en el Espacio Ibercaja Castillo Montearagón, en el marco de la programación del Día Mundial del Alzhéimer que organiza Alzhéimer Huesca. Seguidamente, actuó el coro "Voces para la alegría" del Hogar de Personas Mayores del IASS.
Elena Cabrero destacó la importancia de esta terapia no farmacológica y la conveniencia de que familiares y cuidadores se impliquen en ella, en un espacio donde el enfermo de alzhéimer suele pasar la mayor parte de la jornada. "Las funciones cognitivas, relacionadas con las actividades de la vida diaria, se pueden estimular de distintas maneras para que la persona sea autónoma y se sienta con una identidad el mayor tiempo posible", comentó, aludiendo al lema elegido este año con motivo del Día Mundial del Alzhéimer, "Sigo siendo yo".
La neuropsicóloga trató de proporcionar algunas herramientas a los cuidadores para que puedan estimular la orientación, el lenguaje o la atención de sus allegados de manera natural. "Si estamos en la cocina, les podemos preguntar dónde se encuentran determinados utensilios, o colocarlos en su sitio; y en el salón o en el dormitorio, pedirles que nos cuenten dónde está tomada una foto o quién sale en ella", explicó.
Citar los objetos que necesitamos para darnos un baño promueve el uso del lenguaje y enumerar las cosas que precisamos si nos vamos de viaje trabaja las funciones ejecutivas, relacionadas con la planificación y verificación. Calcular los años de los hijos y los nietos, o jugar al tute y al siete y medio son otras iniciativas que pueden resultar muy positivas. "Cuando realizamos actividades cotidianas no somos muy conscientes de todos los procesos cognitivos que ponemos en marcha. Todo lo que hagamos debe adaptarse a las características individuales de cada persona y no se tiene que plantear como una tarea, sino que hay que integrarlo en nuestro funcionamiento en casa", destacó.
Hacer todas estas cosas pueden ser muy beneficioso para el paciente. "Pretendemos que el deterioro vaya más lento y vamos a dar valor a la persona diagnosticada de alzhéimer, vamos a estimular su identidad y, posiblemente, su autoestima será mayor y se minimizarán las reacciones psicológicas anómalas", declaró la especialista.
Fuente: Diario del Altoaragón














