Cuarenta y cuatro niños saharauis llegaron ayer a Huesca para pasar el verano con familias de acogida dentro del programa que desarrolla la Asociación Alouda.

Sus grandes ojos negros brillaban, sus labios esbozaban sonrisas, y su gesto reflejaban esa timidez propia de alguien que deja su casa y se ve en otro país, eso sí, para pasar unas "Vacaciones en Paz". Ayer, en el salón de actos del IES Pirámide de Huesca se vivieron emociones contenidas, abrazos que delataban cariño y mucha, mucha felicidad tanto por parte de los 44 niños saharauis que llegaron a pasar el verano, como por las familias de acogida, entre ellas la de Cadis, que harán que hasta el 21 de agosto se sientan uno más entre ellos.

HUESCA.- Y todo, bajo la mirada atenta de los responsables de la Asociación Alouda (Amigos del pueblo saharaui en el Alto Aragón), encabezados por su presidente José Luis Laliena, organizadores de la iniciativa, y de Manuel Rodríguez, concejal de Servicios Sociales, que en representación del Ayuntamiento de Huesca les dio la bienvenida.

Minutos antes de las 13 horas, en el vestíbulo del IES Pirámide se vivían los primeros nervios esperando a los chavales. En unos casos por la novedad de acoger a un niño por primera vez y en otros porque tras la experiencia y un año de contacto continuo tenían muchas ganas de volverlos a ver, de abrazarlos y de mostrarles que son parte de su familia.

Ese era el caso de Juan Merino, que sentado en el salón de actos, miraba hacia la puerta esperando la entrada de los chavales. Ayer acudió sólo a recogerlo con el fin de darles una sorpresa a sus dos hijos, que al llegar a casa de la fiesta de fin de curso del colegio, se encontraron con un gran regalo, "su hermano mayor".

Juan participó por primera vez año pasado en el programa Vacaciones en Paz, y la experiencia fue "tan positiva" que no han dudo en repetir con el mismo niño. "Todo fue muy emocionante. Era el primer año que llegaba, pero fue increíble", y están deseando "pasar el verano con otro más", ya que compartirá juegos y risas con sus hijos de 6 años el mayor y 3 que va a hacer la pequeña. Esos miedos de la primera vez "porque no sabías como lo iban a recibir", pronto se superaron "y fue uno más", algo que va a continuar este verano y el resto del año "porque le ayudas, le mandas cosas y hablas con él todas las semanas".

Esa sensación todavía no la ha experimentado la familia de Ramón, que acoge por primera vez a un niño saharaui, y fue a recibirlo junto a su hijo Joaquín, de 9 años y con Síndrome de Asperger, que estaba contento de compartir dos meses "con el hermanito de este verano", como dijo su padre, convencido de que esta experiencia será positiva para todos, incluido Joaquín "al que le ayudará a socializarse. Se van a ayudar mutuamente".

Ramón valoró positivamente la iniciativa de Alouda porque "es una forma de colaborar con gente que tiene problemas y una situación difícil y que, aunque sea temporalmente, puede vivir en una zona sin conflictos, con una climatología más favorable y facilitándoles atención en temas de salud".

Marian y Darío también se estrenaron como pareja en este programa de acogida, aunque Darío ya tuvo hace tiempo en Valencia un niño de acogida saharaui. Sin poder ocultar la sonrisa ninguno de los dos, Darío consideró que "es una experiencia muy buena porque lo que haces es sacar al niño durante dos meses de esos calores infernales del desierto y darle asistencia sanitaria y fraternizar con él", sabiendo que ellos allí tienen su familia.

Darío definió este programa como "una causa noble y bonita", que seguro va a ser muy enriquecedora para todos "porque, como en cualquier causa solidaria que colabores, es bidireccional, tú das pero también recibes", apunto Marian, que tiene claro que participar en iniciativas como Vacaciones en Paz, "tiene que salir de corazón", compartiendo el verano "sin el egoísmo de sólo pensar en ti, metiendo a otra persona dentro de tu vínculo familiar y pensando en todos", incluidos sus dos niños de 8 y 10 años, que tendrán la oportunidad de conocer "otra realidad diferente a la que ellos viven".

En este sentido, Darío quiso llamar a atención de la clase política porque al "acoger a estos niños haces visible el drama del pueblo saharaui, al que le han robado su tierra, sus mares..., todo, y el Gobierno español debería reaccionar". Tenerlos en Huesca es "una forma de reivindicar lo que está ocurriendo".

En términos similares se expresó José Luis Laliena, que recordó los 42 años que el pueblo saharaui lleva "en condición de refugiados en los campamentos", algo que "no cabe en la cabeza porque el que sean refugiados es una situación transitoria, y estos niños han nacido como refugiados en el desierto".

De ahí que el presidente de Alouda denunciara que "esta situación se debe de acabar y el Gobierno español tiene que asumir responsabilidades e intentar poner fin a este capítulo tan negro en nuestra historia".

Quien también llamó la atención sobre esta realidad fue Manuel Rodríguez que insistió en que actualmente "hay millones de desplazados sufriendo, los gobiernos cruzándose de brazos, y la ciudadanía es la que mitiga la situación". Por eso, animó a las familias de Huesca a que sigan haciendo posible el programa Vacaciones en Paz, y pidió al Ejecutivo español que "haga lo necesario para que el Sahara no siga siendo invisible", sino todo lo contrario, que sea "un país libre y democrático".

BIENVENIDA

José Luis Laliena fue el encargado de dar la bienvenida a los 44 niños saharauis, entre ellos cinco con discapacidad, que llegaron ayer perfectamente uniformados con sus camisetas blancas con un mapa de Huesca de color verde en la espalda sobre el que había un avión y el lema: Vacaciones en Paz. También se les dio a las familias, entre ellas Cadis, y los voluntarios, además del Ayuntamiento oscense, el Iass y el IES Pirámide, "porque sin ellos no se podría llevar a cabo este proyecto", que permitirá a estos niños y niñas disfrutar de un verano diferente en el que, además de pasarlo bien, recibirán atención médica, y participarán en tres jornadas de convivencia a lo largo de estos dos meses, "a las que es importante que acudan porque es una oportunidad para que se relacionen con sus compañeros y hablen su idioma".

Respecto a las jornadas, cada año se van enriqueciendo con actividades y actuaciones para hacerlas más atractivas, se han vuelto a programar tres. El día 1 de julio se reunirán en Campo en el Festival Sáhara Colour Rice, el 22 de julio en Broto y el 12 de agosto en Loarre.

En cuanto a los chavales que han venido a Huesca, Laliena confirmó a este periódico que ha habido una renovación importante y que están en torno a los 24 los que acuden por primera vez, ya que algunos de los que participaban otros años han superado la edad en la que suelen venir que oscila entre los 8-9 años y los 12-13 años.

"Conociendo los campamentos y la situación que les ha tocado vivir a estos niños por haber nacido allí, el hecho de participar en este programa supone para ellos poder salir de los campamentos unos años en su vida, conocer otras familias y establecer lazos y relaciones con personas distintas, y en ese sentido, tiene una gran importancia en el presente y en su futuro", apuntó Laliena, "porque los lazos que se establecen son especiales y lo son por ambas partes porque el enriquecimiento es mutuo", aunque conforme pasa el tiempo "la sensación que las familias tienen es que les han dado más de lo que ellas han podido ofrecerles".
Fuente: Diario del Altoaragón

 

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