Josan Rodríguez cuenta en "El equilibrista" su historia de superación. Quiere dar las gracias y desea también que el libro sea un acicate para otra gente.
"Un día de repente aparecí sin piernas y tenía que andar con zancos. Para dar más emoción me obligaron a ser equilibrista con los ojos vendados". Con estas palabras le respondió José Antonio Rodríguez Zamora "Josan", ciego y privado de sus extremidades inferiores tras un accidente, a una señora que le refería con detalle todos sus dolores, en la sala de espera de un hospital.
HUESCA.- No pretendía ser hiriente, sólo quería ayudar a aquella mujer a empezar a despojarse de las "tonterías" que reconoce que también tuvo él un día, y empujarle a apreciar las cosas buenas que le ofrecía la vida. Así, como hace él, con absoluta plenitud y naturalidad, desde hace por lo menos diez años.
El equilibrista es un libro en el que Josan cuenta su propia historia de superación, y que ayer presentó en la Feria de Huesca, acompañado por su amiga y escritora Sandra Araguás y el profesor Antonio Viñuales, que le han ayudado en este proyecto literario. Otras muchas personas más que le aprecian no quisieron perderse este acto, que resultó impresionantemente multitudinario.
Josan lo deja claro en el texto y lo repite una y otra vez cuando habla de su propósito. No deseaba que su relato fuera un "dramón", sino un acicate para aquellos que puedan verse en una situación difícil en un momento dado, y al mismo tiempo le ha permitido hacer público su agradecimiento a muchas personas que le han ayudado a seguir adelante, especialmente a sus padres, su hermana, sus amigos de siempre y otros nuevos que ha ido conociendo progresivamente.
Nació el 12 de enero de 1976 en Huesca, y sus 22 primeros años transcurrieron en Sesa. Trabajó conduciendo un camión con grúa hasta el viernes 27 de julio de 2007. Aquella noche, acudió con sus amigos al festival Notodorock que se celebraba en Alerre, y después a una discoteca de Huesca, frente a su lugar de trabajo y muy cerca de su casa. La recuerda como "una noche preciosa" junto a sus amigos Toño y Javi. Cuando cerró el local y los clientes se despedían en la calle y esperaban a que llegaran los taxis, un coche se abalanzó sobre ellos a más de cien kilómetros por hora. "En ese momento murió mi amigo Javi. También Benito, un chico joven. Varias personas más fueron atropelladas, entre ellas estaba yo -recuerda en el libro-. Ese día supuso un antes y un después en mi vida. Era la entrada al túnel más oscuro que debía atravesar. Me esperaba un nuevo camino, pero también una nueva forma de caminar".
Josan relata después a través de cuentos todo su proceso en los hospitales, su regreso a Huesca, la rehabilitación y muchos logros que ha seguido alcanzando después. Permaneció ingresado dos años y tres meses -81 días en la UCI-, a veces en estado muy crítico. "Aunque hay momentos crudos, sin llegar a ser dramáticos, yo quiero transmitir que ha sido todo muy fácil -subraya-. Antes del accidente vivía muchas tonterías y todavía me vienen algunas: que si me estoy quedando calvo, que si me sale tripa... Cuando te pasa algo así, te das cuenta de los problemas tan tontos que tenemos en la cabeza".
Se despertó en la UCI de un hospital del Zaragoza para las fiestas del Pilar, con el retumbar de la música de los Héroes del Silencio. Poco a poco le fueron informando sobre su estado, a veces bruscamente. Fueron momentos complicados, sobre todo cuando supo que se había quedado ciego. También recuerda con un escalofrío las intensas pesadillas que soñaba en la UCI, de una dureza y realismo tan extraordinario que todavía le hacen estremecerse.
Llegó a pensar en vengarse del causante de su accidente, pero "luego se fue todo, como un azucarillo cuando lo echas en el agua caliente, que se deshace aunque no lo revuelvas" Ya no siente rabia si piensa en él. "Que le vaya lo mejor que le pueda ir la vida. No querría estar en su pellejo porque hizo mucho daño, yo llevaría un peso encima muy grande", estima.
Tiene muy claro que lo que más le ha ayudado han sido sus ganas de vivir, el calor de sus allegados y el humor. "Llegué a tener la sensación de que si quería podría dejarme morir, pero veía al otro lado del cristal a toda la gente que quería y pensaba que sólo por ellos merecía la pena tirar para adelante. Notaba que venían encogidos y se iban subidos. Eso me gustaba mucho. Cuando menos lo pensabas, saltaba la risa".
En el marcapáginas del libro, cuya portada ilustra Rosa Mai, Josan ha escrito una frase de su puño y letra: "Y la vida nos pone a prueba, pero aceptándola siempre como se presenta somos mucho más grandes de lo que podemos imaginar", dice.
"Yo creo que se sufre más por los que quieres que por uno mismo. Seguramente, mis amigos sienten más el peso del accidente que yo mismo", apostilla.
Fuente: Diario del Altoaragón














