El doctor Javier Olivera Pueyo impartió ayer una conferencia sobre la inteligencia emocional.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de conocer y gestionar nuestras emociones, gracias a una serie de habilidades. Es otra forma de ver el mundo. Ser conscientes de nuestras emociones nos hace más libres. No serlo, nos convierte en esclavos de nuestros propios sentimientos. Nosotros somos responsables de mejorar nuestra felicidad, si mejoramos nuestro posicionamiento ante las cosas que nos suceden.

HUESCA.- El psiquiatra Javier Olivera Pueyo expuso ayer estas cuestiones en la primera de las conferencias científicas de la Primavera para el Recuerdo que organiza la Asociación Alzhéimer Huesca y DIARIO DEL ALTOARAGÓN, en un acto compartido con el Espacio Ibercaja Castillo de Montearagón, que lo enmarcó en su programa Educación para la salud. La responsable del centro anfitrión, María Luisa Mañas, presentó al doctor Olivera, responsable del Sector de Salud Mental de Huesca, que dejó pequeña la sala demostrando una vez más su poder de convocatoria. "Las personas tenemos un cerebro racional y otro emocional, dos patas muy necesarias que nos hacen ser tan humanos", indicó el especialista, y citando a Goleman subrayó la influencia de las emociones en el comportamiento de hombres y mujeres.

Matilda Crabtree era una niña de 14 años que se escondió en un armario para darles un susto a sus padres, cuando regresaran de una fiesta. Una vez en casa, sus progenitores escucharon un ruido en el armario y cuando ella salió dispuesta a culminar la broma, su padre, que había cogido una pistola, le disparó y la mató. No tuvo tiempo para pensar, el miedo le llevó a actuar primero. "El cerebro emocional nos puede conducir a tomar decisiones sin hacer caso del cerebro racional", explicó Javier Olivera.

Entre las emociones básicas, destacó el miedo, el enfado, la alegría y la tristeza, aunque algunos autores añaden el asco, la sorpresa, el amor y la vergüenza. "El lenguaje emocional es normalmente no verbal, por lo que las emociones suelen representarse con la cara. Puede haber hasta diecisiete tipos de expresiones faciales", indicó.

Los instintos más primitivos parten del cerebro reptiliano, mientras que los impulsos emocionales se alojan en el límbico y las decisiones racionales son más propias del neo córtex. El cerebro se desarrolla a partir del bulbo olfatorio, que es el que enviaba señales al hombre primitivo para detectar el peligro y poder huir. Cuando se volvió sedentario, tuvo que aprender a defenderse. "Los olores son lo que más reacciones desencadenan -explicó-. En la amílgdala cerebral, se inician los estados emocionales automáticos, a veces actúa de manera independiente a la razón. Las emociones generan pensamientos y a partir de ahí surgen los sentimientos. Las emociones son más intensas y los sentimientos, más duraderos".

El doctor oscense analizó una a una las emociones básicas. El miedo, recordó, es la emoción más potente y primitiva. "Primero reaccionamos y después advertimos el miedo, que puede controlar a una población entera. El partido Nazi ganó democráticamente unas elecciones porque toda la propaganda tenía como objetivo asustar a la población, por lo malos que eran los judíos que querían acabar con el pueblo alemán y su raza. También en Ruanda se hizo una campaña contra los Tutsis, y el 75 por ciento fueron eliminados", observó.

La ira puede ser el enfado llevado al extremo, al odio, y puede derivar en violencia. "Es una emoción muy fuerte, pero si se reconoce se puede controlar", aseguró.

La alegría produce felicidad, gozo, pero puede conducir a una manía; y la tristeza, cuando se convierte en patológica, puede acabar en una depresión. El asco es otra emoción muy potente, que suele provocarse, por ejemplo, en el tratamiento de drogadicciones. "El amor es lo más bonito, lo que mueve casi todo, aunque el enamoramiento es algo patológico. Como decía Erich Fromm, en El arte de amar, amar es una decisión, no sólo un sentimiento", manifestó.

La preocupación por las emociones viene de antiguo. Aparece en la cultura griega, la teología Cristiana y hasta en el sistema jurídico actual. En 1990, Salovey y Mayer estudian la capacidad de mejorar el penamiento a través de conocer las emociones. Daniel Goleman, en Inteligencia emocional, también se plantea qué es lo que hace que triunfen las personas, porque no siempre tiene que ver con su coeficiente intelectual. Como ejemplo citó a Albert Einstein, que en su vida personal y social "era un desastre".

"La inteligencia emocional es la capacidad de conocer y gestionar nuestras emociones. Para ello, como indicaba Javier Tirapu, hay que disponer de un conjunto de habilidades", dijo.

Hay un sistema del cerebro que hace tomar decisiones de manera rápida e intuitiva, mientras que el otro sistema es más lento, deliberativo y racional. "Los dos son importantes, pero hay que aplicarlos según los casos", declaró.

TRES TIPOS DE PERSONAS

Hay tres tipos de personas, según la clasificación que presentó Olivera: las que reconocen sus emociones y son seguras y positivas; las que están atrapadas en ellas, dan vueltas a las cosas y son esclavas de su estado de ánimo; y las que aceptan sus emociones de buen o mal humor, de una manera pasiva. El psiquiatra consideró que hay que tender hacia las primeras y huir de las segundas, "porque resultan tóxicas".

Hasta los años 90, la Psicología se había centrado en aspectos negativos como la tristeza, la ansiedad y los cuadros patológicos. Martin Seligman apostó por la Psicología positiva y estudió los factores que contribuyen al bienestar subjetivo. "El éxito del ser humano tiene que ver con esto. Según sus teorías, la felicidad se debe en un 50 por ciento a los genes del individuo; el 10 % depende de sus circunstancias; y el 40 % restante depende de cómo nos posicionamos ante las cosas. Esto último lo podemos variar. Nosotros somos responsables de mejorar nuestra felicidad".

Los ejes de la Inteligencia Emocional son la autoconciencia, el autocontrol, la empatía y las habilidades sociales. "La empatía es la capacidad de comprender las emociones de los demás y de sentirlas. Nos pasa ya desde bebés: llora uno y el de al lado, también. Hay personas antiempáticas como los psicópatas, poco sensibles ante las emociones de los demás y sin sentimientos de culpa. A veces han sufrido maltrato de pequeños. También hay personas alexitímicas, incapaces de expresar las emociones".

La autoconciencia es la capacidad para identificar en nosotros las emociones, y la asertividad consiste en expresar con argumentos nuestras ideas y creencias. El autocontrol es la capacidad para controlar los impulsos y retrasar una recompensa inmediata, y las habilidades sociales ayudan a relacionarse satisfactoriamente y a gestionar los conflictos.

El lenguaje de las emociones es sobre todo no verbal, tiene mucho que ver con el arte, la música y la literatura, pero Javier Olivera destacó la importancia de la palabra. "Hay que dominar el lenguaje, lo necesitamos para tener pensamiento, y debe ser positivo. Todo el mundo puede mejorar su inteligencia emocional, aunque para ello necesitamos templanza y buscar un equilibrio".
Fuente: Diario del Altoaragón

 

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