María Ángeles López, presidenta de la Asociación San Francisco de Sales de Hipoacúsicos de Huesca.

Hoy casi todo el mundo puede oír, llevar una vida normalizada y tener un desarrollo sicosocial y cultural extraordinario

gracias al implante coclear, y las tecnologías que le acompañan han hecho posible un acceso a la información y la comunicación sin ningún tipo de cortapisa.

HUESCA.- Sin embargo, "todavía no hay una conciencia por parte de la administración de la necesidad de cubrir aquellos gastos que evitan la dependencia del ciudadano, propician su inclusión y a la larga representan un ahorro". María Ángeles López, presidenta de la Asociación San Francisco de Sales de Hipoacúsicos de Huesca, reflexiona sobre estas cuestiones con motivo del Día Internacional del Implante Coclear y llega a estas conclusiones tras asegurar que, no obstante, en Aragón se han conseguido muchas mejoras en los últimos años, aunque hay Comunidades Autónomas con mayores beneficios al respecto.

Cada año nacen en la provincia de Huesca entre uno y dos niños con sordera profunda; otros ocho o diez pequeños pierden la audición en este periodo, y en el caso de jóvenes y adultos, la cifra oscila entre 15 y 20. "En Huesca ha sido muy fácil establecer contacto y conexión con todas las instituciones en distintos periodos. La relación es muy buena y lo mismo la coordinación con el Centro Implantador, que en Aragón se encuentra en el Hospital Clínico de Zaragoza, con un equipo de implantadores magnífico", afirma. La operación es sencilla, "para manos expertas", y prácticamente está "exenta de riesgos". En el plazo de un mes se coloca la parte externa y después se procede a su programación. En cuanto se activa este mecanismo, comienza el proceso de rehabilitación que en los niños suele durar varios años, y menos tiempo en adultos que han dejado de oír y vuelven a hacerlo con el implante. Son estos últimos los que mejor informan sobre esta experiencia. "Nos dicen que oyen como antes, pero perciben una voz más metalizada. De todas formas, reconocen la voz de su pareja, familia y amigos, porque tienen la memoria auditiva, y para ellos es una situación muy emocionante cuando se lo activan", asegura María Ángeles López.

Antes del implante, se lleva a cabo también una labor con la mayoría de los pacientes, sobre todo de lectura labial, para facilitar la adaptación a su nueva situación, "porque ese paso es muy difícil para ellos también, un choque muy fuerte".

La rehabilitación de niños, jóvenes y la mayoría de adultos de Huesca y provincia se realiza en la Asociación San Francisco de Sales de Hipoacúsicos y algunos mayores, tras la operación, la llevan a cabo en el Hospital Provincial, con un número determinado de sesiones que establece Salud y que la entidad que preside María Ángeles López considera que "debería incrementarse".

El implante devuelve la audición y también va a ser capaz de estimular toda la zona neuronal del niño que no ha oído nunca. "Así se va a conseguir que desarrolle una oralidad que se va a asemejar a la de los otros chicos de su edad al cabo de dos o tres años -indica la presidenta-. Pero no nos olvidemos de que siguen siendo niños y adultos sordos, de que dependen de esa ayuda técnica y de esas partes externas para que eso se mantenga".

El problema que encuentra el usuario de los implantes es desembolso que le representa. "A una persona que tiene marcapasos la administración le proporciona esas baterías, no le deja sin pilas, también cubre las de las sillas eléctricas, pero las de un implante, no. Nosotros no queremos que a nadie le quiten nada, eso sería injusto, simplemente que nos equiparen", asegura.

Cada implante consume tres pilas de botón cada dos días y medio, aproximadamente, y se los tienen que costear los usuarios. "El coste normal puede rondar los cinco o seis euros, aunque nosotros hemos conseguido que algún centro audioprotésico nos lo deje en poco menos de tres . A eso hay que sumar que los cables se suelen cambiar al año y pueden valer más de doscientos o trescientos euros, y la antena, que se repone en muchos casos cada año, puede costar más de 400. Esas partes no las cubre el Salud, salvo una antena cada dos años y el cambio de procesador a partir de siete años, que vale 6.000 u 8.000, pero "hay que adelantar el dinero y el Salud te lo devuelven al año o año y medio".

María Ángeles López subraya que el implante coclear "es un gran invento" y "ojalá que otras discapacidades tuvieran los mismos avances", pero en su opinión, no se valora a nivel de administración el haberlos conseguido. "Hay gente que no se los pone siempre, precisamente por lo oneroso que le puede resultar. A una persona que lleva un marcapasos o un brazo biónico no se le ocurre a nadie que si se le estropea se lo quites, sin embargo el implante sí y los beneficios de cara a la sociedad son grandísimos, porque estás consiguiendo que personas que podían ser dependientes, tengan ahora una formación alta y sean autónomas. Van a devolverlo todo a la sociedad con creces, porque están en una empresa normalizada, están cotizando, pagando sus impuestos y ya no son dependientes", concluye.
Fuente: Diario del Altoaragón. 25/02/2017

 

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