KATERINA LUKESOVA: Embajadora del país centroeuropeo en España

HUESCA.- Paradójicamente, la jornada cultural y empresarial en torno a la República Checa, al Holocausto y a la apertura de relaciones entre Huesca y aquel país ofreció a las "Entrevistas a Cuatro Manos" una oportunidad extraordinaria. Carlos Pérez y Jesús Inglada, organizadores de la gran cita oscense, accedieron a la petición de la Asociación Down Huesca y DIARIO DEL ALTOARAGÓN para entrevistar a Katerina Lukesova, embajadora de Chequia en España. Por la dimensión de nuestra interlocutora, preferimos convertirlo en un cuestionario "a diez manos".

Katerina Lukesova rezuma conocimientos humanísticos por su propia formación lingüística, que le llevó a la docencia en la Academia de Bellas Artes de Praga, donde enseñó la historia de la literatura en general y teatro en particular. Su carrera profesional es extraordinaria. No entró en la diplomacia ejerciente, por decisión propia, hasta la caída del Muro de Berlín. "No quería participar antes con el régimen totalitario". Fue directora de Protocolo, "una ocupación imposible, agobiante, estresante de 365 días al año. Pero es el abecedario de la profesión diplomática".

Fue número 2 en la embajada en París y embajadora en Bruselas, para posteriormente encaminar sus pasos a Luxemburgo, un país que ha tenido una gran relación con el Reino de Bohemia que dio origen a la República Checa. De ahí partió al cargo de directora general de las Américas y finalmente a España, a Madrid. La conversación, de hecho, fue una gran lección de historia y humanidad.

JAVIER.- Las Jornadas sobre el Holocausto se extienden a los ámbitos cultural, educativo y empresarial. ¿Espera que sea el principio de una fructífera relación?

KATERINA.-Me encanta y doy las gracias repetidas a Carlos Vázquez e Iveta, que iniciaron esta gran amistad. Carlos no necesita mucha relación porque su esposa es de origen checo, se enamoró del país, de la cultura. La relación entre los tres ámbitos para todo país civilizado, el cambio de educativo y cultural y el cambio comercial es prácticamente lo mismo. Se trata de un cambio de valores de todo tipo. Me encanta porque a veces me siento un poco aislada en Madrid y buscamos salir, ir a las regiones y ver un poco, porque España tiene tanta riqueza que por supuesto no se concentra en la capital, donde tenemos que estar presentes en muchos actos porque es nuestro trabajo y ver a ministros y otros interlocutores. Pero es como una fiesta cuando podemos salir y ver la España profunda que no se limita a la capital. Madrid tiene su carácter, es una ciudad encantadora, muy elegante, con una panoplia de oferta cultural perfecta, pero en Europa todas las capitales finalmente se parecen un poco con la globalización. Lo verdaderamente característico de un país se sitúa fuera de la capital y por eso lo apreciamos enormemente. Y sobre estas jornadas me emociona esta dimensión de nuestra historia colectiva que es el holocausto y el exterminio, pero que no pasó en España. Y cuando uno elige este tema y lo está trabajando a largo plazo, con profundidad, de manera seria, de veras me conmueve porque no forma parte de su memoria colectiva. Es una opción, es una decisión que me ilusiona.

MYRIAM.- Dos países con una rica historia y con episodios trágicos de su pasado. ¿La historia es la gran lección con cuyo conocimiento proyectamos el futuro?

- Yo soy muy escéptica. Desgraciadamente, si se hace un esfuerzo y hay lecciones como esta guerra absolutamente horrorosa y del exterminio y el genocidio, es muy reciente, setenta años nada más, y se dice que hay que analizarlo y tomar lecciones, se llega a la conclusión de que fue horrible, pero siempre viene alguien que parece olvidar... Recuerdo la guerra en Yugoslavia en los años noventa y no se creía que podía pasar con toda la experiencia, las lecciones... Y ahora vemos en Oriente lo que pasa y uno no se cree lo que los seres humanos pueden hacer a otros. Los checos somos muy escépticos, no nos hacemos ilusiones. Admito que tengo ese escepticismo hereditario que está en mis genes, pero sigo esperando...

JAVIER.- Otro denominador común. La transición a la democracia. ¿El proceso en la República Checa ha sido sencillo o también ha tenido sus dificultades?

- En España también ha sido "de terciopelo", como se llamaba a la revolución checa. Hay mucha experiencia en común. La gran diferencia es que han sido dos regímenes autoritarios o totalitarios, depende del vocabulario, pero de dos lados de la escena política. En España fue un régimen de derechas, muy conservadora, muy tradicional. En mi país, un totalitarismo que venía de la izquierda, pero de una izquierda mal comprendida porque una izquierda socialdemócrata es perfectamente legítima y tiene su papel importantísimo en la historia moderna, pero la izquierda autoritaria del tipo comunismo soviético es una izquierda peligrosa que vivimos en nuestra carne cuarenta años, más o menos como España con el franquismo. Lo que me parece cuando leo los libros es que en nuestra transición hubo un periodo de profunda autorreflexión de la sociedad sobre sí misma de cómo ocurrió todo esto y qué es lo que hicimos mal. Y de esta autorreflexión nació una especie de toma de conciencia y de reparación en todos los ámbitos. Y por ejemplo la gente que trabajaba para el régimen totalitario en la policía secreta no podía trabajar en cargos públicos. Y ahora, 25 años más tarde, la gente que tiene este pasado puede hacer todo lo que le guste pero no puede trabajar como cargo público. No hay garantía de que respete la democracia, de que respete las reglas de juego. Y no sé si en España ocurrió lo mismo.

MYRIAM.- ¿Cómo ha vivido la República Checa la separación de Eslovaquia?

- Muy bien porque no hubo ninguna violencia ni historia, pero emocionalmente mal, porque la Checoslovaquia que se fundó a finales de la II Guerra Mundial ha sido un Estado no digo ejemplar, porque no los hay, pero muy honesto, con derechos garantizados para todos, todas las religiones y culturas. Era como un "melting pot" (crisol de culturas) de la Europa central, y un estado honesto y rico. Los Estados ricos tienen un papel más fácil. Pero se fundó en esta idea de convivencia checoeslovaca, que es una interpretación o una leyenda, hay que decirlo claro, porque a pesar de su proximidad cultural y lingüística, nunca convivieron en un mismo estado en el pasado. Eslovaquia formaba parte del Reino de Hungría y los eslovacos nunca tuvieron su estado independiente. Los checos sí, lo crearon de los siglos VIII a X y en el X ya tenían su Reino de Bohemia, con su importancia en Europa. Pero los eslovacos nunca vivieron esta experiencia. Se puede comparar un poco con Cataluña, que nunca vivieron esta experiencia de tener un estado soberano, propio. Cuando se fundó Checoslovaquia fue un experimento. Acabó el imperio de los Habsburgo y nadie quería vivir junto. Hubo muchas naciones, los eslavos del sur que formaron Yugoslavia, los polacos, los checos, los eslovacos, etcétera, etcétera. Y se formaron unos Estados que heredaron un poco el pasado común del imperio de Habsburgo. Y Checoslovaquia se fundó en este proceso histórico y funcionó muy bien. Y para los checos, probablemente no para los eslovacos, ha sido un logro histórico, porque volvemos a la independencia, a la soberanía, todo iba bien... Pero los eslovacos no se sentían tan bien o de la misma manera quizás porque Bohemia ha sido siempre mucho más rica... A los catalanes no les gusta cuando les explico que cada año hubo unos tránsferes monstruos que iban del este al oeste del país, que ha sido mucho menos desarrollado, con agricultura, con poca o nada industria... Y entonces la primera tentación vino con la II Guerra Mundial, y Eslovaquia se formó como estado independiente pero como aliado de la Alemania nazi. Después se rehabilitó Checoslovaquia, y tres años más tarde llegó el comunismo y cuarenta años como un "satélite" de la gran Rusia que se instaló en el corazón de Europa. Vino la caída del Muro, llegó la libertad, se vivía normal y en ese momento los eslovacos probablemente no se sentían suficientemente identificados con el Estado y querían probar otra cosa. Y el problema es que teníamos una Constitución federal entre las repúblicas checa y eslovaca, pero era heredada del régimen comunista que no estaba pensada para funcionar porque todo el poder estaba en manos del Comité Central del Partido Comunista y los mecanismos no funcionaban en la vida real o funcionaban mal. Y en un momento faltó la buena voluntad, se produjo el divorcio pero fue muy amigable y los checos y muchos eslovacos lo vivimos como una decepción emocional porque no entendíamos lo que no funcionaba bien. Dijeron: queremos marcharnos. Nos divorciamos de manera tranquila, administrada y no hay ningún rencor. Hubo la perspectiva de entrar en la Unión Europea y entramos. Y cuando hay sondeos de opinión y preguntan a un checo cuál es el extranjero más cercano, dice que un eslovaco. Y viceversa. Yo soy de la generación de amantes de Checoslovaquia, como mis padres y abuelos. Tuve nostalgia, pero veo que a veces las cosas duras y no agradables se hacen bien.

MYRIAM.- ¿Le preocupa la oleada de euroescepticismo?

- Sí, es alarmante, es probablemente la consecuencia de décadas de una evolución pacífica, de una prosperidad que siempre se puede concebir como relativa, pero comparada con el mundo es una gran prosperidad incluso en los países menos afortunados. Es un largo periodo de paz y de prosperidad, y me parece que lo estamos olvidando y estamos sacando todos los cadáveres de los armarios, que los hay porque tenemos un pasado sinuoso y trágico y me parece que estamos viviendo una frivolidad con el proyecto europeo, pero veo que el fondo puede ser el miedo y la angustia ante una globalización que no parece satisfacer a todo el mundo. A mí me da miedo la brecha que se abre entre la ciudad cosmopolita, con gente de origen diferente, e idiomas diferentes que conviven, y el campo con gente que se siente frustrada y siente miedo porque no le parece que forma parte de esta historia de éxito.

PABLO.- ¿En qué consiste su trabajo?

- Horrible. Pantalla, pantalla, pantalla, libros y mucha lectura y muchas entrevistas con mis compañeros, interlocutores españoles, los cargos, ministros, viceministros, secretarios y mis compañeros diplomáticos. Mucha escritura porque intento hacer un análisis para explicar en Praga cómo está la situación en España y cuál es el potencial de nuestras relaciones.

PABLO.- ¿Ha trabajado con personas con discapacidad?

- Depende de qué tipo de discapacidad hablamos. Tenemos colegas que prácticamente no ven, ciegos, pero el trabajo está adaptado... O que tienen problemas de movilidad. Y tenía estudiantes cuando era docente con todo tipo de discapacidad. Sistemáticamente, no, pero me encanta. Me crié en una tradición muy ecuménica y soy muy inclusiva. Y lo que se está haciendo ahora me parece absolutamente fenomenal. Espero que no habrá más barreras nunca.

PABLO.- ¿Conoce al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy?

- Sí, por supuesto, pero como nos conocemos en esta profesión. Cuando me ve, se acuerda de que soy embajadora de Chequia, yo me acuerdo siempre de que él es presidente del Gobierno. Pero no salimos a tomar una caña, no.

PABLO.- ¿Cuántos idiomas tiene que saber para su trabajo?

- Depende del país. En España me bastan dos con mi idioma materno que uso para hablar por ejemplo con nuestros invitados checos. Me desenvuelvo con español e inglés, y puedo leer el catalán aunque no lo uso.

RUBÉN.- ¿Conoce asociaciones de discapacidad en la República Checa? Nosotros hacemos intercambios con Italia, Bulgaria e Irlanda. ¿Podría conectarnos con alguna entidad checa?

- Absolutamente. Lo comentamos con Iveta, del Centro Checo, que ya organizó un viaje de una orquesta de discapacitados porque tenemos un programa de inclusión y escuela de música pensada para jóvenes discapacitados. Vamos a ponerlo en marcha.

RUBÉN.- ¿Conoce la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad?

- No la tengo ahora de manera fresca en la memoria, pero sí.

RUBÉN.-Nosotros trabajamos y vivimos en pisos de vida independiente, ¿en su país los jóvenes con discapacidad tienen estas oportunidades?

- No conozco en detalle, pero espero que sí. Todo lo que sé me dice que sí. Lo que yo sé es que tenemos estos programas de casas protegidas, con parejas tuteladas que quieren vivir juntas. Es un piso donde cada uno tiene su habitación, pero hay una persona para apoyar si lo piden.

RUBÉN.- ¿Le gustaría visitar la Asociación para ver nuestros proyectos: Vida Independiente, Taller de Artesanía, Club de Escritores, Magisterio y nuestros proyectos en relación al trabajo (Eboca, Deleita y Albergue de Fonz)?

- Por supuesto, la próxima vez. Para que trabajes tu inglés, me puedes mandar la invitación en inglés.

MARCOS.- ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

- No tengo tiempo libre. Mi pasión de toda la vida es la lectura. Si tuviera más tiempo libre, lo pasaría leyendo, y también me gusta la música que puedo oír trabajando y las artes plásticas. Y Madrid es un destino ideal, me gusta todo tipo de exposición.

MARCOS.- ¿Está mucho con sus dos hijos?

- No, son mayores. Mi hija tiene 25 años, mi hijo 28. Tienen su vida, tienen Praga, donde viven. Nos vemos poco. Es una lástima

MARCOS.- ¿Practica algún deporte?

- Los checos dicen de gente como yo que son muy de café. Yo soy muy urbanita, nací en el centro de Praga. Lo que sí practicaba de joven es el esquí porque los checos tenemos una mentalidad muy nórdica y nos van los deportes de nieve. Pero ahora me da miedo porque tuve un accidente. Y hago natación pero no como deporte sino para cuidarme un poco.

MARCOS.- ¿Lee mucho? Le podemos pasar libros en castellano que ha escrito nuestro compañero José Borrel o el libro de poesías que está a punto de publicarse.

- Por supuesto, estaré encantada.

...Y SURGIÓ LA MAGIA DE LA AMISTAD

El encuentro no pudo resultar más amigable, simpático... y fructífero. En DIARIO DEL ALTOARAGÓN, nos congregamos las "diez manos" de la entrevista (Marcos Rufat, Pablo Bescós, Rubén García, Myriam Martínez y Javier García Antón), Enrique Aguareles y Jorge Arbués por Down Huesca, Iveta del Centro Checo y el profesor Carlos Pérez Vázquez, organizador de las jornadas con Jesús Inglada. Admiramos la erudición histórica de la embajadora, su profunda humanidad, su sonrisa permanente, su risa abierta, su empatía y una predisposición para que la entrevista fuera el principio de una bonita amistad. Y lo que define a los grandes personajes y a las magníficas personas: compromiso. De la magia de la sesión, emergió la semilla que aportará una buena cosecha para Down Huesca y alguna homónima checa. Katerina Lukesova, además, se comprometió a retornar a Huesca para conocer las actividades de la asociación. La chispa se encendió. Buen futuro.

HAVEL, LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

"Vaclav Havel ha sido una figura emblemática en los años 90. Poca gente lo conocía antes. Era un hombre excepcional. Lo más importante de su legado es que el poder tiene que autolimitarse y tener unas perspectivas y visiones más largas que sólo tomarlo y conservarlo. Dudaba profundamente de sí mismo. No era un líder ensimismado. Buscaba la verdad toda su vida y pensaba que se podía armonizar esta búsqueda con el poder, porque una sociedad hay que administrarla y es un juego de influencias, poderes,... Él intentaba una armonización de la realidad política y un ideal ético, que para mí es el único concepto político que me parece simpático".
Fuente: Diario del Altoaragón

 

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