El Altoaragonés del Año convive con su discapacidad que en agua y en sus tareas desaparece por su voluntad.

"Recuerdo cómo hace 17 años les pedía sin cesar a mis padres un hermanito, con todo lo que hemos pasado y ahora ¡es el AltoAragonés del año! No puedo estar más feliz y orgullosa de ti, Miguel Ángel. Gracias por dejar que lo viviera a tu lado, de la mano, como hasta ahora, por y para siempre". Así se expresa Beatriz, hermana de Miguel Ángel que, junto a sus padres, Silvia Mir y Ángel Vicente, han tenido un desafío particular: luchar y trabajar la confianza y seguridad de Miguel Ángel, la de todos ellos.

Miguel Ángel Vicente Mir conquistó el pasado 14 de enero los corazones de las cuatrocientas cincuenta personas que acudieron a la Gala de las Pajaritas que le entronizaron como Altoaragonés del Año 2016 gracias a los 18.198 votos que conquistó durante el concurso que organiza DIARIO DEL ALTOARAGÓN. Su intervención fue largamente aplaudida y acumuló grandes caudales de simpatía de todo el público.

Silvia explica que embarazada de siete meses, los médicos le comunican que su bebé va a nacer con espina bífida e hidrocefalia, y, si tener un recién nacido aporta emociones como amor, alegría, felicidad, preocupación y agotamiento, cuando se tiene un hijo con espina bífida, además de adaptarse a su condición, se debe aprender mucho sobre esta afección para adaptarse a las necesidades de su hijo. "El primer año de vida de Miguel Ángel fue algo caótico, sus dos primeros meses los pasó en el hospital y su hermana no paraba de insistir en que lo trajéramos a casa", recuerda esta madre coraje que pronto llevaría a su pequeño a la guardería. "Me decía: mamá, vete que quiero quedarme a jugar. Nunca ha dicho que no quería ir al colegio". Así, recuerda con mucho cariño a la maestra Asun Porta, "Él tenía que ir al fisioterapeuta varias veces a la semana por lo que perdía clases y Asun consiguió que viniera uno a Sariñena, con lo que ganó en autonomía. Además, tenía una auxiliar en el comedor del colegio".

Otro factor importante y esencial fue tener apoyo psicológico que les ayudara a aumentar la confianza en el manejo de la espina bífida, mejorar la calidad de vida y a la par satisfacer las necesidades de todos los miembros de la familia. "En nuestro caso contamos con un médico extraordinario, Jesús Gracia Romero, especialista en Cirugía Pediátrica, con especial dedicación a la Urología Pediátrica. Nos ha ido orientando desde que nació y le queremos muchísimo, esta semana tuvimos visita con él y Miguel Ángel le llevó las Pajaritas para hacerse unas fotos". El doctor del Hospital Universitario "Miguel Servet" de Zaragoza les ha asesorado sobre todo tipo de terapias tanto para el joven como para la familia. "Todos hemos necesitado ayuda psicológica, aunque todo ha sido privado".

Cuando llegó al instituto, nuestro protagonista pasó un año muy complicado. "El primer año en el IES Monegros Gaspar Lax fue traumático, desde mayo de 2011 hasta finales de febrero de 2012 tuvo que pasar varias operaciones, estuvo grave, incluso en la UVI. Además, se rompió una pierna, pasó una neumonía, fue horrible", aunque una vez más superaron todas estas incidencias y, ahora, Miguel Ángel disfruta de una adolescencia como la de cientos de jóvenes de su edad, "No ha conocido lo que es andar o correr, a veces se queja de que no puede acceder a algunos lugares porque hay gradas o no son accesibles para su silla de ruedas, en contraposición, cuando quiere ir a ver alguna película a casa de algún amigo, se arrastra para subir o bajar escaleras", explica Silvia. Convencida de que la natación ha sido muy importante en la vida del joven, "desde que descubrió la natación ha encontrado una afición muy importante para él. Su especialidad es el nado a espalda".

Con este deporte ha sido seleccionado para competir por Aragón en varias ocasiones junto a sus compañeros de la Asociación Deportiva Aragua, que trabaja la natación con discapacitados en Zaragoza y ya lleva casi cuatro años en competición, por lo que aúna gran experiencia tras haber participado en el Trofeo Ciudad de Huesca, el Trofeo San Antolín de Sariñena, en Zaragoza, Mataró y en Valdemoro, donde vuelve este fin de semana al Campeonato AXA de Promesas Paralímpicas de Natación. "Hay un gran nivel, pero voy a intentar traer alguna medalla", promete Miguel Ángel, que sabe que para él y su familia es un esfuerzo ir a entrenar cada viernes a Zaragoza y cada sábado a Huesca, a la piscina cubierta en invierno con el Club de Natación de Sariñena, donde sus entrenadoras le inculcaron su afición a este deporte.

El día a día

Además de entrenarse los fines de semana, Miguel Ángel tiene una vida muy normal, como muchos chicos de 17 años. "Me levanto temprano y después de desayunar y arreglarme me voy con mis amigos al instituto, cuando vuelvo, después de comer, veo un rato la televisión y voy a clases de repaso", explica. Recalca que sus amigos "son los justos y necesarios", porque no siempre se ha sentido aceptado, "a veces se nota cuando no te aceptan". Por ello, ahora se siente feliz con el galardón obtenido como Altoaragonés del Año, "es una experiencia inolvidable que no ha cambiado mi rutina pero estoy viviendo nuevas experiencias", dice, refiriéndose a que esta semana le han llamado del CRA Monegros Hoya. "Fui a los colegios de San Lorenzo del Flumen y Lalueza, donde los niños y niñas no dejaban de hacerme preguntas sobre el premio. La natación ha sido una gran vivencia".

En el instituto su tutor, Miguel Ángel Muñoz, junto con su madre aseguran que estos días anda algo más nervioso y despistado. "Es un joven con personalidad, trabajador, generoso y muy buen amigo de sus amigos y muy participativo. Ahora está muy ilusionado, igual que el resto de los alumnos con el viaje de estudios", destaca el profesor.

"Nos vamos a París", indica su madre, que les acompañará por prestar ayuda a los profesores. "Él es independiente para todo, pero yo estaré más tranquila, aunque pienso que irá por libre".

Una de las pasiones del adolescente es el amor que siente por su abuela Pilar. Como explica Silvia, ella ha estado siempre con Miguel Ángel. "Se adoran y es que mi madre es una luchadora, una mujer muy positiva que siempre está contenta y mi hijo ha heredado todas sus cualidades. La verdad es que la pasión del uno por el otro es mutua".

Así es Miguel Ángel Vicente Mir, un joven de 17 años recién cumplidos que ha conocido los laureles que obedecen a su espíritu combativo, a su afán de superación, a la permanente lección de normalidad que ha dado con su coraje, su valor, su espíritu indomable y su humanidad.
Fuente: Diario del Altoaragón

 

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