Más de 1.100 personas aplaudieron a Los Bisoños, Karina, Los Diablos y Magnifier en la gran celebración de la Generación del 57.
Que 20 años no es nada. Es lo que dice la letra del tango Volver que cantaba Carlos Gardel. El sábado, en la Carpa de la Plaza de Toros de Huesca, la Generación de los nacidos en el 57, a la que este humilde cronista se honra en pertenecer, celebraba por todo lo alto su 60º aniversario. Y a algunos,
esos sesenta años se nos han pasado casi sin enterarnos.
HUESCA.- Así que, parafraseando a Gardel, podríamos decir también que 60 años no es nada. Y ya puestos, citando a Calderón, diríamos también que la vida es sueño. Y los sueños, sueños son. Pero, ¡vaya!, no hay que ponerse melancólicos porque, al fin y al cabo, lo que se vivió el sábado en la Carpa de la Plaza de Toros fue una fiesta. Una señora fiesta, que logró congregar a más de 1.100 personas (una hazaña cada vez más difícil de conseguir) en torno a la música y la solidaridad, ya que los beneficios conseguidos tenían como destinataria a la Asociación Down Huesca.
Sacar de casa a los "carrozas" que van camino ya de la sesentena cuesta lo suyo, pero desde luego en esta ocasión mereció la pena. Porque la gente que acudió al festival "Repasando" lo pasó fenomenal (que al fin y al cabo es de lo que se trata), y la música programada cumplió con creces su cometido. Y es que lo que se perseguía no era otra cosa que avivar la nostalgia y revivir esas emociones que muchos sentimos en nuestras ya lejanas adolescencia y juventud. Y lo cierto es que en ese terreno la música no tiene rival, porque solo la música es capaz de remover los sentimientos y, como la magdalena de Proust, sacar a la luz los placeres del pasado.
Con esas premisas y con Toño Julve haciendo de eficaz mantenedor, el maratón de cinco horas comenzó con el grupo local Los Bisoños, que suenan ahora mejor de lo que sonaban hace más de cuarenta años, y que hicieron un recorrido por algunas de las canciones con las que muchos crecimos. Un arco muy amplio que iba de los Sultans of Swing de Dire Straits a las Nights in white satin de los Moody Blues, pasando por el alegre Yellow river de Christie o temas de los geniales Lone Star como Mi calle y Río sin fin, su versión del River deep, mountain high de Ike & Tina Turner.
Los Bisoños se despidieron con un popurrí de rock & roll, en el que sonaron el All shook up de Elvis Presley que los Llopis transformaron en Estremécete, el See you later Alligátor (Hasta luego, cocodrilo) de Bill Haley y el Rock & roll en la plaza del pueblo de Tequila. Los Bisoños, unos campeones.
Y tras ellos, llegó Karina. Fue un poco decepcionante verle aparecer sola sobre el escenario, sin grupo que le acompañara y con las bases pregrabadas. Pero Maribel Llaudes (su verdadero nombre), que el mes pasado cumplió 70 años, lo compensó con su simpatía natural y con el peso de un repertorio lleno de canciones que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones, y no solo la del 57.
Inició su actuación con el clásico Be my baby (Tú serás mi baby) de las Ronettes, para pasar después a temas como Regresarás y Viva el amor, seguidos de un popurrí (se podría decir que "popurrí" fue la palabra fetiche de la noche) de canciones de los años 60: María Isabel de los Payos, Corazón contento de Marisol, Qué tiempo tan feliz de Mary Hopkin y Tú y yo de la propia Karina, que encadenó con otro breve popurrí, esta vez dedicado a la música latina, con Piel canela y Frenesí.
En todo momento mostró su cercanía con el público, echando mano constantemente del pañuelo y soltando frases como "es que se me cae el moquillo". Es difícil saber si se trata de una pose, pero desde luego parece tan cándida como siempre.
A partir de allí entró ya en la dinámica de los grandes éxitos, y fueron cayendo Las flechas del amor (sobre un leve ritmo de charlestón), En este mundo en que vivimos, Colores (enlazada con el Oh Carol! de Neil Sedaka), su conocidísimo Romeo y Julieta y un popurrí de Eurovisión en el que interpretó Marionetas en la cuerda de Sandie Shaw, Congratulations de Cliff Richard y su propio tema eurovisivo En un mundo nuevo y feliz (con una actualizada base casi techno), con el que por cierto consiguió quedarse en una muy estimable segunda posición, sobre todo teniendo en cuenta los recientes descalabros de las canciones españolas en el Eurofestival.
Y tras la canción que todos estaban esperando, El baúl de los recuerdos (¡y qué de recuerdos!), se despidió con la que anunció como una canción super-chuli piruli (sic), que no era otra que su hit Aire de fiesta, que enlazó con su versión de La caza de Juan y Junior. Así que, pese a los pregrabados, Karina se fue con aroma de triunfo.
Y cedió el testigo a los Diablos, al frente de los cuales siguen un incombustible Agustín Ramírez, cantante (que mostró una cierta afonía en su voz), y el bajista Amado Jaén, compositor de casi todos los grandes éxitos del grupo. Y, desde luego, para montar una fiesta no tienen rival.
Saludaron al público con un tema inicial en el que celebran la música en vivo, y entraron directamente al grano, con tres hits nada más empezar: Fin de semana, Rosana y Un rayo de sol, que Agustín, con su gracia habitual, presentó diciendo que la canción tenía tantos años como su talla de pantalón: ¡exactamente 46! Continuaron con un impecable popurrí de temas de la época en la que los del 57 moceaban: Venus de Shocking Blue, Baby come back de los Equals, Soley Soley de Middle of the Road, Sugar sugar de los Archies y el Yellow river de Christie, que también habían tocado antes los Bisoños. Un no parar de bailar, ¡vaya! Y siguieron con otros cuantos de sus inagotables éxitos: Acalorado, Mi talismán, Que suene ya la banda, El mundo las vueltas que da y Nada más. Más tarde estrenaron un nuevo popurrí, en esta ocasión de los temas de sus caras B, como Manda christmas, Lazos de amistad y el beatleiano Meconformaré.
Y llegó otro momento álgido y emocionante con su interpretación del archifamoso Help de Tony Ronald, que compuso el bajista de los Diablos, Amado Jaén. El siguiente popurrí, bajo el lema Cómo mola la gramola, nos condujo a Ahora te puedes marchar (el I only want to be with you de Dusty Springfield), Si yo canto (o sea, My whole world is falling down de Brenda Lee, que en español hicieron famoso tanto Los Cinco Latinos como Siniestro Total) o The locomotion de Little Eva. Puro espíritu vintage. Y tras una sorprendente versión de Soy rebelde de Jeanette, que fue interpretada por el teclista del grupo, y una revisión del rock & roll Ahí viene la plaga (Good Golly Miss Molly de Little Richard), llegó el momento de la despedida con el otro gran éxito de los Diablos que faltaba, Oh, oh, July.
Pero hubo más, por supuesto. Hubo un bis en el que el público, entusiasmado, se marcó una conga al ritmo de un nuevo megamix, que incluyó algunos de los hits del grupo (Un rayo de sol, Fin de semana, Oh, oh, July), temas de Tony Ronald (Help, Dejaré la llave en mi puerta) y éxitos ajenos como Hands up y D.I.S.C.O. de Ottawan y Cuba y Qué será mi vida de los Gibson Brothers, algunos de ellos compuestos también por Amado Jaén junto a Daniel Vangarde, padre de Thomas Bangalter de Daft Punk. Las vueltas que da la vida.
Eran ya casi las tres de la madrugada, y el público había empezado ya a desfilar, por lo cual menos de un centenar de espectadores se quedaron para ver y escuchar la última actuación de la maratoniana noche. Se trataba de un joven grupo oscense, Magnifier, cuyos componentes podrían ser ya no hijos, sino directamente nietos de algunos de los espectadores.
Es un grupo de versiones que, a pesar de su bisoñez, lo hizo muy bien y que preparó para cerrar la fiesta una auténtica ensalada de estilos, comenzando con El roce de tu cuerpo de Platero y Tú, y siguiendo con el clásico Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd y con un popurrí (lo dicho, la palabra fetiche de la noche) de temas de Queen, como Show must go on, Another one bite the dust y I want to break free.
Más tarde, continuaron con Give it away de los Red Hot Chili Peppers, el Uptown Funk de Mark Ronson con Bruno Mars o lo que fue sin duda lo mejor de su breve actuación: un mash up con Smells like teen spirit de Nirvana, Billie Jean de Michael Jackson y el Seven nation army de The White Stripes.
Terminaron con Soldadito marinero de Fito & Fitipaldis y con Clavado en un bar de Maná, pero tuvieron que volver a salir para ofrecer dos reclamados bises: El vals del obrero de Ska-P y, de nuevo, Uptown Funk.
Pues eso, que en el final de la larga noche, la Generación del 57 le pasó el testigo a la generación joven. Y que sesenta años se pasan sin enterarse. Y si es bailando, mucho mejor.
Fuente: Diario del Altoaragón. 23/01/2016














