Paloma González, presidenta de la Sociedad Aragonesa de Geriatría y geriatra del Hospital San José de Teruel
HUESCA.- Los especialistas en Geriatría, Neurología y Psiquiatría realizan el diagnostico sindrómico y etiológico de la enfermedad de Alzheimer en un paciente, pero del seguimiento de las complicaciones que van apareciendo, tanto cognitivas
como conductuales y físicas, se ocupan los médicos de primaria y los geriatras. Paloma González, presidenta de la Sociedad Aragonesa de Geriatría y geriatra del Hospital San José de Teruel, abordará hoy en Huesca, en el Centro Cultural de Ibercaja, a partir de las 19 horas, un asunto tan importante para los pacientes que sufren esta patología como la nutrición en las fases más avanzadas de la enfermedad de Alzheimer.
La alimentación suscita en ocasiones algunos conflictos relacionados con el manejo, pero también de índole ética, tanto a los profesionales sanitarios como a las familias. Esto origina muchas dudas y, en opinión de la doctora, "a veces da lugar a actuaciones sanitarias cuestionables relacionadas con la nutrición y la hidratación artificial".
Paloma González hablará hoy de estas cuestiones en función de la evolución de la enfermedad, así como de la manera de proporcionar el apoyo que necesitan los enfermos, sus cuidadores y los profesionales de Atención Primaria que realizan el seguimiento de estos pacientes.
Al principio de la enfermedad, la alimentación no suele representar un gran problema. Bien es verdad que, en algunos casos, junto a los trastornos de conducta a veces puede producirse una hiperfagia, es decir, un apetito desmedido que llega a plantear conflictos si hay conductas compulsivas. No obstante, Paloma González observa que se pueden poner algunos remedios como tener en la nevera lo justo o, en ciertos casos, variar el tratamiento. "De todas formas -afirma-, son conductas que, en general, duran poco en el tiempo y son más fáciles de manejar y no plantean tanto problema ético, que es lo fundamental en estas últimas fases de la vida".
Los conflictos importantes surgen con los pacientes que se encuentran en una fase avanzada de la demencia y sufren malnutrición. "Los cuidadores son muchas veces gente mayor y tienen muy metido en la cabeza eso de que "El que come de alguna escapa", y realmente el estado nutricional se relaciona con la superviencia y la calidad de vida -señala la especialista-. Es una preocupación enorme alimentar a estos pacientes y una de las manifestaciones clínicas de la demencia en fase evolucionada es el rechazo a la ingesta: primero de texturas mezcladas, como la sopa de arroz, que les suponen una dificultad porque son cosas que se perciben en la boca como discordantes, y luego líquidos o purés".
La geriatra observa que el cuidador tiende a forzar la alimentación y eso, generalmente, desencadena consecuencias negativas como que el alimento pase a la vía respiratoria y que se hagan neumonías por aspiración, que tienen una mortalidad muy elevada. "Eso causa que la gente se cuestione iniciar alimentación artificial, bien por sonda nasogástrica o por gastrostomía, y la evidencia científica ha demostrado ampliamente que esto es tremendamente desaconsejable", señala.
La geriatra desmontará mitos y comentará algunas evidencias, planteará si la hidratación y nutrición artificial se consideran cuidados básicos o tratamientos médicos, y abundará en los riesgos y consecuencias de la nutrición artificial y los aspectos éticos de este tema. "Lo que hay que hacer es tener clara la evolución de la enfermedad, que el rechazo de los alimentos es un síntoma más igual que la pérdida de memoria, la incontinencia de esfínteres o la pérdida de la capacidad de deambular, y hay que estar preparados".
Para ello, aboga por hablar claro con la familia desde el primer momento y exponerle la situación. "Debe saber que las consecuencias de forzar una alimentación son peores que intentar adaptar la dieta -insiste-. Hay que permitirle que coma cuando le apetezca y lo que le apetezca, y minimizar el riesgo de complicaciones. Poner una sonda nasogástrica forzada implica muchas veces atar al paciente, con todas las consecuencias negativas que esto tiene".
Si la familia conoce el proceso de la enfermedad, podrá actuar en beneficio de la calidad de vida del paciente. "Lo ideal sería poder hablarlo con el enfermo, saber antes de que se deteriore qué piensa él sobre mantener o no la alimentación artificial", considera, y observa que hay que tener claro "que el paciente no se va a morir porque no come, sino que no come porque se está muriendo". Al respecto, destaca que, generalmente, esta cuestión se acepta cuando se trata de otras enfermedades graves, pero no ocurre así en el caso de las demencias. "Al final, los pacientes mueren en general por complicaciones, pero el 90 por ciento es debido a una infección y la mayoría broncoaspirativa, por la alimentación", recuerda.
Durante la conferencia, Paloma González aportará algunos "trucos" para alargar la alimentación natural. "Lo esencial es que el cuidador adapte la consistencia de los alimentos, que le dé de comer lo que le guste, no pretender que coman como el resto de la familia o a horas concretas. Ése es un poco el secreto, adaptarse a lo que pueden y quieren hacer, porque ellos no se pueden adaptar a nada".
Fuente: Diario del Altoaragón. 12/05/2016














