HUESCA.- Lidia Arasanz Bolea tiene 27 años, es de Huesca y en el encuentro con María Victoria Broto mostró sus habilidades periodísticas realizando un completo cuestionario a la consejera y llevó todo el peso de la conversación.
Lidia y yo no nos habíamos visto hasta el día de la entrevista, nuestro primer encuentro se produjo pocos minutos antes de que nos recibiera Broto, y
mientras esperábamos tuve la oportunidad de hablar con mi compañera y descubrir que estaba nerviosa, aunque ella decía que "tenía una molestia en el estómago", y no era de hambre, ya que me explicó lo que había cenado y lo que había tomado en su desayuno y así supe que además de cocinillas cuida mucho su alimentación y es sibarita. Esa mañana se había bebido un zumo de mandarina acompañando a una pulga de jamón y por la noche se había preparado couscous.
Además esa conversación, aparentemente banal, me sirvió para saber que es una persona polifacética, paticipativa y súper activa y que se apunta a todo tipo de actividades, va a yoga, hasta hace poco bailaba flamenco -sus problemas de cadera se lo impiden ahora- y después me enteré de que en cuanto ponen música es la primera en salir a la pista y que tiene muy buen estilo, y en su tiempo libre hace un montón de cosas más, entre ellas escribir poesía, para la que tiene una especial sensibilidad.
Pero también hablamos de cocina y de las muchas recetas de croquetas que sabe hacer, dulces y saladas, y a cuya elaboración dedica las mañanas y parte de las tardes participando en un proyecto que está poniendo en marcha la Asociación.
Lidia es además coqueta, había ido a la peluquería y lucía impecable su peinado y su flequillo, algo rebelde, que no paraba de colocarse. Llevaba varias pulseras, a la última moda, y tras decirle que me gustaban me las mostró con orgullo y comentó que algunas se las habían regalado. También lucía un bonito jersey, obsequio de su tía, con lentejuelas y otros pequeños adornos, que también es tendencia.
Jugueteaba con sus manos mientras de forma pausada iba contando cuitas, de sus fines de semana en familia, en los que viaja al pueblo del que provienen, de su vida en el piso que comparte con una compañera, y en algunos momentos manifestaba signos de una timidez, casi superada, y en otros se mostraba reflexiva antes de seguir hablando y contar nuevas cosas.
Lidia es tremendamente responsable y trabajadora, cada mañana se pone el despertador y llega puntual a sus citas, de hecho durante dos años se formó en agricultura ecológica y se levantaba a las seis para llegar a tiempo a las clases.
Finalmente se revela como una persona muy preocupada por sus amigos y por las personas, porque enseguida le pregunta a todo el mundo cómo está y se interesa por la gente, en especial por su felicidad.
Fuente: Diario del Altoaragón. 23/03/2016














