El científico fue investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza
CUARENTA años después de su viaje iniciático a la Universidad de Zaragoza, Carlos López-Otín regresó ayer al mismo lugar donde empezó su aventura de conocimiento para demostrar que, tal y como predijo Gabriel García Márquez, "el tiempo no pasa, sino que da vueltas en redondo". Y aunque en muchos aspectos pueda parecer que nada cambia, el científico altoaragonés tuvo que reconocer que en este tiempo "han ocurrido muchas cosas", entre otras, su brillante carrera, con la que ha logrado "arrancar alguno de los secretos de la vida y de las enfermedades", abriendo así una ventana de esperanza a muchas familias.
La Universidad de Zaragoza, que le descubrió las puertas al saber hace cuatro décadas, quiso honrar la trayectoria del investigador otorgándole la distinción de doctor Honoris Causa, una distinción que convirtió el día de ayer en "uno de los más importantes y felices" de su vida, algo nada baladí, teniendo en cuenta que "el ser humano solo puede alcanzar catorce días de felicidad", advirtió.
Arropado por familiares, amigos y vecinos de su pueblo natal, Sabiñánigo, el profesor López-Otín, un exponente en el desarrollo de la investigación oncológica, recibió la concesión del Grado honorífico en un solemne acto, presidido por el rector Manuel López, al que acudieron numerosas autoridades del ámbito académico, político, cultural, social o militar. Entre otros, estuvieron presentes la consejera de Innovación, Investigación y Universidad, Pilar Alegría, y su homóloga en el Departamento de Ciudadanía y Derechos sociales, María Victoria Broto, el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, el Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, el director provincial del Instituto Aragonés de Servicios Sociales en Huesca, Eloy Torre, o la cantante Luz Casal, así como representantes del Gobierno asturiano y de la Universidad de Oviedo, donde el serrablés desarrolla su actividad científica. También asistió a la comida posterior a la ceremonia el presidente del Gobierno aragonés, Javier Lambán, que excusó su ausencia en el acto por motivos de agenda.
Antes de que tomara la palabra el protagonista, ya investido como doctor Honoris Causa, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza se vistió de gala para acoger esta centenaria ceremonia cargada de simbología y solemnidad.
Un salón abarrotado y puesto en pie recibió a la comitiva académica. Tras la lectura del acuerdo por el que se proponía la concesión del Grado honorífico a López-Otín, los padrinos, los catedráticos de Bioquímica de la Universidad de Zaragoza Carlos Gómez-Moreno y Miguel Pocoví, precedidos por los maceros, fueron a buscar al candidato.
Con el serrablés ya en la sala, Gómez-Moreno pronunció el elogio del candidato, un discurso que comenzó glosando la figura académica y científica del altoaragonés, para continuar con su faceta más humana y personal.
El profesor de Bioquímica destacó los "extraordinarios descubrimientos" de su colega acerca de las bases moleculares por las que se rige el desarrollo de distintos tipos de cáncer y otras enfermedades, "proyectos interesantísimos desde el punto de vista estríctamente científico pero que, además, tienen un tremendo impacto porque afectan a nuestra salud".
López-Otín, prosiguió, ha demostrado que "se puede hacer investigación en una universidad como la de Oviedo, lejos de los grandes centros científicos españoles e internacionales".
El profesor también resaltó la excelsa y prolífica obra publicada por el altoaragonés (es autor de más de 350 artículos en revistas, de los cuales 35 han sido publicados en los medios especializados más prestigiosos, como "Science" o "Nature",), así como sus principales logros científicos.
Terminó su intervención con un deseo, que su colega siga con su "brillante labor científica" para que "algún día no muy lejano sus investigaciones puedan curarnos o, al menos, a proporcionarnos un tratamiento que nos ayude".
La ceremonia continuó en latín, con la entrega de insignias doctorales (el birrete y el libro), el juramento de López-Otín y la recepción de la medalla y el título que lo acreditan como doctor Honoris Causa de la Universidad de Zaragoza.
Una vez investido, el investigador serrablés se dirigió al público para ofrecer una lección magistral, en la que narró "la historia de un viaje, un paseo por la ciencia que en realidad es un paseo por la vida". En su caso, el viaje comenzó tomando "el canfranero", un tren que le llevaría a Zaragoza, donde se encontró con (entre otros) don Horacio Marco, quien despertó en él su interés por la Biología gracias a su "enorme capacidad inspiradora". Este profesor "algo peculiar", le animó a adentrarse en "la aventura científica que, en realidad era la vida".
Pese a que a López-Otín siempre le gustaron los números, pronto se dio cuenta de que los que realmente le interesaban no estaban relacionados directamente con las matemáticas. Por ello, se dedicó a investigar "las cifras que se esconden detrás de la vida".
Su carrera se fue desarrollando al tiempo que lo hacía la bioquímica. Y en este bagaje fue recorriendo nuevas etapas, Madrid y otros países del mundo, donde aprendió "a admirar las estructuras de las proteínas" y descubrió "la importancia de la tecnología".
Luego llegó a Asturias, donde encontró su "lugar en el mundo" (en buena parte gracias a su mujer Gloria y a sus hijos, presentes ayer en el acto de Zaragoza). La tranquilidad de un lugar pequeño como Oviedo le permitió dedicarse a "pensar y estudiar". Fruto de este tiempo de análisis llegaron algunas de sus principales reflexiones: "La vida es una consecuencia de armonías moleculares" y, por ende, "todas las enfermedades tienen una lógica molecular". Con este punto de partida, López-Otín inició un doble camino de investigación, por un lado el del envejecimiento y, por otro, el del cáncer.
Con sus alumnos y miembros del equipo siempre presentes en sus palabras, el científico desgranó algunos de sus hitos profesionales. En este sentido, dijo sentirse orgulloso de haber descifrado "centenares de genomas" y de haber descubierto "las causas de unas cuantas enfermedades" y algunos de sus tratamientos.
Y aunque se ha avanzado mucho, el profesor reconoció que hay enfermedades que todavía no se sabe cómo afrontar. "Estamos progresando muy rápidamente en el conocimiento, más lentamente en la aplicación del mismo".
Por ello, López-Otín ve ante sí un futuro "extraordinario", lleno de "nuevos desafíos", pese a que el ser humano "seguirá siendo vulnerable". Aún así, no pierde la esperanza, es fiel defensor de que "lo mejor siempre está por venir", una ilusión que alimentan cada día sus alumnos y discípulos, a quienes dedicó el final de su discurso: "Gracias por renovar cada mañana mi armonía molecular con vuestras ganas por descubrir el mundo". Tras una larga ovación, el rector clausuró el acto dirigiendo unas palabras al nuevo doctor Honoris Causa, del que dijo que "representa magníficamente el talento aragonés", y al que se refirió como "un hombre aragonés, asturiano y de mundo", que "lleva dentro la llamada de la ciencia" y del que destaca su "vocación por el conocimiento humano".
Fuente: Diario del Altoaragón. 04/12/2015














