Aspace Huesca y el Espacio Ibercaja finalizan el décimo cuarto curso de cestería
HUESCA.- No todo el mundo conoce estrechamente a personas con discapacidad intelectual, física o sensorial, ni sabe de su habilidad para afrontar diversas actividades y situaciones de la vida. Por ello, y aunque poco a poco se va desterrando, todavía prevalece en la sociedad la idea errónea y bastante generalizada
de que no pueden ser productivas ni aportar demasiado a la comunidad. El recelo que inspiraban hace unas décadas va dando paso a la aceptación y el afecto, pero quizá incluso los sentimientos más favorables se hallan, en muchos casos, todavía demasiado rebozados en la compasión y la condescendencia. Los hombres y mujeres con parálisis cerebral son tan diversos como quienes no tienen comprometidas las funciones del cerebro o de su sistema nervioso. La convivencia contribuye a desmontar estereotipos y prejuicios, y aporta una nueva perspectiva sobre esta realidad.
El Espacio Ibercaja Castillo Montearagón ha acogido entre los meses de marzo y mayo un curso de cestería de 27 horas, en el que varios usuarios de Aspace Huesca han enseñado a otras personas sin discapacidad intelectual las técnicas de elaboración de productos de cestería. Esta fructífera relación entre ambas entidades arrancó en 2001. El pasado martes, una jornada de convivencia y reflexión puso la guinda a esta décimo cuarta edición de la actividad. El responsable de Adultos de Aspace, Miguel Montori, observó que iniciativas como ésta permiten que cale en la gente la idea de que las personas con parálisis cerebral "tienen muchas capacidades y no se limitan solo a la cestería", y reivindicó la discapacidad como "un mundo proactivo" con la misma validez que cualquier otro. "Y con un plus de validez -añade-, porque es un banco de pruebas de nuestro yo más elemental. Cuando no se les tiene en cuenta a la hora de hacer acciones sociales e infraestructuras, dejan fuera una gran parte de la población y a cualquier persona que entre en situación de dependencia".
Los cursos, una experiencia innovadora, proyectan la labor de los usuarios de Aspace, impulsan su autoestima, facilitan su desarrollo personal y la normalización social. Rafael Borau, que desde hace 33 años precisa una silla de ruedas, ha sido alumno de este curso por primera vez. "Hemos hecho como una gran familia entre todos. No todos somos iguales, pero si te adaptas al otro sabrás cómo se siente y verás que pueden ser tan últiles como cualquier otra persona".
Concha Lisa es usuaria de Aspace. Lleva doce años impartiendo este curso en el Espacio Montearagón y también en algunos pueblos de la provincia. "Como profesora no tengo una especialidad, las cosas me salen bien dependiendo del día, de mis manos, de la médula, o de mi inspiración -explica-. Hay que tener paciencia para enseñar a la gente, convencerla de que las cosas no son tan complicadas y que les van a salir. Aprendemos unos de otros. Ellos nos conocen cómo somos, que no somos tan complicados, y nosotros sabemos sus opiniones, cómo ven la vida, sus actitudes. Creo que éste ha sido un grupo muy homogéneo, hemos ido todos a una. Tenemos que ponernos a la altura de la persona que hay a nuestro lado, para saber en qué momento hay que echarle una mano".
Mari Ángeles Gistau se estrenaba en esta experiencia y estaba encantada. "Me ha encantado el empeño que tienen en ayudarte en todo, a pesar de las dificultades que tienen. No podía imaginarme nunca que esta gente fuese tan válida ni la capacidad que tiene para expresarse y hacerte sentir bien".
María Dolores Zamora también se mostraba sorprendida y contenta. "Me han cambiado totalmente la mirada sobre la discapacidad. Tienen una sensibilidad especial y me han abierto otro mundo", afirma.
Ángela Carrero compensa sus dificultades para hablar con una gran sonrisa, y observa que la actividad también tiene un componente lúdico. "Me gusta mucho salir del centro. Si no, me aburriría como una ostra".
Fuente: Diario del Altoaragón.17/05/2015














