Josan Rodríguez, con otros afiliados de la Once, se estrena en el deporte blanco

HUESCA.- Había advertido que no le gustaba el frío, ni la velocidad ni la nieve. Después, a toro pasado, confesó también que fue a esquiar con "mucho miedo", pero parece que hay pocas cosas capaces de amilanar al oscense José Antonio Rodríguez, Josan.

La pérdida de la vista y su silla de ruedas no le impidieron el pasado domingo disfrutar de una jornada en la estación de Formigal. Allí practicó el deporte blanco, por primera vez en su vida, con un grupo de afiliados a la Organización Nacional de Ciegos Españoles (Once) de Aragón.

"Ya dije que no me gustaba la nieve, si acaso para las postales", se reía ayer, para asegurar inmediatamente que la experiencia había sido "un lujo" y que todo el mundo se había portado muy bien.

A las ocho de la mañana le recogió en Huesca una furgoneta, que llegaba procedente de Zaragoza con otras siete personas, entre ellas la coordinadora de la actividad, Carmen Beltrán, y en torno a las diez habían recalado en Formigal. En el parking, se pasó a otra silla similar a la suya, pero que llevaba esquís en lugar de ruedas. Tomaron un café mientras les explicaban algunas cosas. "La temperatura marcaba tres bajo cero, pero como hacía sol se estaba ideal en la calle -aseguró el joven-. Había nevado la noche anterior y dijeron que la nieve era la idónea".

A Josan le asignaron un monitor que le acompañó todo el día y para el que sólo tiene buenas palabras. "Úrbez es de Sallent y esquía desde los cuatro añitos. Fue el primero en la estación de Formigal en hacer este tipo de descensos con una persona y tiene un dominio brutal. Cuando se acercaba el telesilla, elevó la mía en el aire para colocarla y sentarse a mi lado -explicó-. Imagínate, subirme a mí y todo eso con sus esquís y bastones en la mano, de manera muy coordinada y sin entorpecer a nadie".

El ascenso fue una sensación muy agradable. "Ese silencio y esa paz que se nota arriba me gustó mucho", rememoró. Después, por dos veces, descendió aquella pista azul, de mediana dificultad, en una silla que conducía Úrbez. "Él me dio mucha seguridad y la experiencia fue muy guay. Notas la nieve que te pega en la cara y el fresquito, eso era todo nuevo para mí", relató.

Probó otra silla después, en la que era él quien conducía. El monitor iba detrás, con un arnés en su cintura al que había atado una cuerda, le guiaba si debía girar a izquierda o derecha, y también frenaba cada vez que Josan se embalaba un poco. "No corrí mucho, pero a treinta por hora debí de llegar", señaló. Admitió que le asusta un poco la velocidad, pero como sabía que estaba controlada, no llegó a pasar miedo. "Cuanto más tiempo pasaba, más disfrutaba", dijo, y agregó que lo mismo les sucedió a sus compañeros, algunos de los cuales hacía tiempo que no esquiaban.

La actividad se prolongó hasta las tres o las cuatro de la tarde, con algunas paradas para tomar un refresco y comer. "Como el tiempo era tan bueno, resultaba muy agradable estar ahí, en pleno Pirineo. Además, nos patrocinó la Ford por medio de un concesionario de Zaragoza, y nos salió todo gratis. No hay fecha para repetir, pero espero poder volver a hacerlo".
Fuente: Diario del Altoaragón. 17/03/2015

 

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