La psiquiatra infantil Lola Sarasa destaca los puntos fuertes de estas personas y apuesta por potenciarlos

Cada año, el 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, un tipo de Trastorno del Espectro del Autismo, que, en general, todavía resulta muy poco conocido para la sociedad.

El Síndrome de Asperger, que se enmarca en los Trastornos

Generalizados del Desarrollo, afecta principalmente al funcionamiento social de las personas, que presentan, además, unos intereses y actividades que se denominan "restringidos".

Lola Sarasa, psiquiatra infantil en la Unidad de Salud Mental Infantojuvenil de Huesca, explica que son niños que tienen afectada la función social, "porque tienen dificultades para entender el comportamiento no verbal, como el contacto ocular, la expresión facial o las posturas, y también lo que otras personas puedan sentir, eso es la empatía". Añade que entienden perfectamente lo que se les dice, aunque a veces lo hacen en un sentido tan literal, que expresiones como "te comería a besos" pueden llegar a asustarles.

Estas dificultades ponen trabas en su relación con los demás, porque pueden malinterpretar cosas, o ser monótonos en su discurso y en sus intereses. "No entienden que una persona les deje de escuchar cuando ellos hablan, pero tampoco establecen esa reciprocidad, de hablar y después esperar a que los demás contesten".

A estas dificultades sociales, se les unen los intereses restringidos. "Tienen áreas en las que pueden ser muy buenos, por ejemplo, en temas de animales, astronomía, dinosaurios o pockemon, pero a veces todas sus conductas e intereses giran en torno sólo a eso y ocupan la mayoría del tiempo de sus conversaciones y de su cabeza".

Sin embargo, la doctora puntualiza que estos niños tienen también muchas cosas buenas, como su perseverancia o su sinceridad. "No entienden la mentira, suelen ser leales, imaginativos, resuelven los problemas a veces de una forma diferente de la gente, porque tienen otra manera de mirar -destaca-. Además, al ser tan perseverantes en los temas que les interesan, pueden llegar a ser muy buenos en determinadas áreas".

El Síndrome de Asperger comparte muchas características con el Espectro Autista. En ambos casos hay dificultades en el funcionamiento social, pero los niños con Asperger son más difíciles de diagnosticar porque, en sus tres primeros años de vida, su desarrollo es prácticamente normal. "Los niños con Asperger suelen tener una inteligencia normal o alta y saben cómo se utiliza el lenguaje, aunque a veces no lo empleen bien para relacionarse".

EL DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de un Síndrome de Asperger es complicado, porque se caracterizan por sus dificultades en las relaciones, pero a una edad temprana no tienen una necesidad tan alta de socialización como cuando son mayores. No obstante, hay señales que pueden hacer saltar alguna alarma. "Pueden pasar rato con una parte de un juguete, dar vueltas a una rueda de una bici sin emplear el resto, o jugar a poner en línea los juguetes sin hacer un juego representativo -apunta la especialista-. Les cuestan los cambios, son inflexibles, tienen hipersensibilidad a los sonidos y al tacto. Los pediatras a veces lo detectan y también en el colegio, que, además de las familias, son los que nos mandan a los niños con sospecha de Síndrome de Asperger".

Actualmente, los diagnósticos se realizan entre los cinco y siete años del niño de media. Es importante que sea lo más precoz posible, porque se le puede orientar terapéuticamente.

"Sólo el hecho de entender cómo es su hijo y cómo ve el mundo, les permite a las familias ayudarles mucho. Además, pueden recibir un abordaje desde la Asociación Asperger o los colegios hacer las adaptaciones que consideren", indica.

EL TRATAMIENTO

El tratamiento principal del Síndrome de Asperger es psicológico y, en ocasiones, si los niños tienen asociada impulsividad, hiperactividad, déficits de atención, manías o hay un componente emocional, se les puede ayudar con psicofármacos.

"No son tratamientos curativos, porque el Síndrome de Asperger no se cura, pero si las dificultades sociales son lo más problemático para él, se pueden trabajar habilidades sociales y empezar, por ejemplo, mirando a la cara de la gente cuando habla, ayudarle a entender los sentimientos de otras personas, los suyos propios, a establecer amistad con otros niños y, si le causan problemas las manías o intereses que puedan tener, se abordarán mediante la terapia psicológica, para que no le afecten tanto sus rigideces".

La doctora concluye indicando que la idea principal que hay que destacar es que, como cualquier niño, "tienen sus características, sus puntos débiles y fuertes, y estos últimos son los que hay que subrayar", al tiempo que se detectan sus dificultades para poder ayudarles a superarlas y mejorar en esos aspectos.
Fuente: Diario del Altoaragón. 18/02/2015

 

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